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Ética e inteligencia artificial

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Ética e inteligencia artificial

Comentando no hace mucho sobre Inteligencia Artificial con D. Benigno Blanco, buen amigo, me venía a decir que el mundo transhumanista es hoy día una propuesta ideológica basada en los avances de las ciencias y las tecnologías en los campos de la genética, la cibernética, la inteligencia artificial y las neurociencias que propone una “mejora” del ser humano para evitar la enfermedad, el envejecimiento y hasta la muerte misma. Todo ello es una simbiosis humorística recordando a la grandiosa obra Ética a Nicómaco.

En mi humilde opinión, ante el pensamiento transhumanista, la especie humana hoy día camina hacia una evolución ciega guiada por el azar. Hoy, los humanos estamos ya en condiciones de hacernos cargo de nuestra propia evolución como especie y desear programar -diseñar el siguiente paso evolutivo. Las nuevas tecnologías nos darían paso en breve hacia un programa de mejora del ser humano y de creación del nuevo ser post humano. De todas manera, prefiero quedarme con el Aristóteles donde nos ofrecía una ética de la mejora del ser humano desde dentro, sobre la base del compromiso ético por hacer un bien posible apoyándonos en nuestra naturaleza. Todo transhumanismo nos ofrece la posibilidad de mejorar al ser humano desde afuera, con el apoyo de las nuevas tecnologías. Son dos modos de afrontar el gran reto de la perfección del ser humano.

No hace mucho, la Comisión Europea proponía regulaciones sobre cómo y para qué utilizar la Inteligencia Artificial. Normas que nos animan a fomentar la confianza e inversión junto al trabajar en favor del ser humano y la sociedad. Nos preguntamos el por qué desea regular la vida de las personas. A nuestro parecer, más que una nube lejana desde la UE nos importaría mucho más el escuchar a grupos de informáticos, juristas, filósofos y otros. El mismo Dietmer Hübner, profesor de Filosofía en la Universidad de Hanover, especializado en ética aplicada nos recordaba este último argumento.

En abril del 2020, la Comisión Europea publicaba un texto realizado por un grupo de expertos interdisciplinares, donde se proponían regulaciones y desarrollo de la IA, para garantizar que los sistemas utilizados en la UE fuesen más que seguros e imparciales. Dada la creciente aparición de pautas éticas y ante la falta de legislación formal la Comisión Europea ya abría altavoces para recolectar aportaciones de sectores variados.

Dichos sectores, dichos gurús de la C. Europea me da que debería estar prevenido tal y como está Bruselas. Un jarrón donde mete la mano no se sabe quién y “por quién mandado” hoy por hoy no me ofrece garantías algunas. Ya nos lo advierte Axel Kaiser cuando nos apercibe todo lo interesante que se planea desde esas alturas, en este reino de Occidente, en la oscuridad occidental donde gobierna la intolerancia, el irracionalismo y el pensamiento único desde una manera sibilina anclada en ideas que giran en torno a Levi-Strauss, Lyotand o Foucault.

Opinamos que los algoritmos proporcionan clasificaciones estadísticas, predicciones, recomendaciones para la acción y, con base a estos datos, es posible que las personas e instituciones tomen sus decisiones , pero sigue sin convencerme.

Nos preguntamos ¿qué nos viene para el futuro? Tenemos claro que los sistemas de inteligencia artificial, por ahora, no son actores independientes o responsables, así, nos surgen cuestiones morales que nos llevan a mirar con muchísima atención la mezcla entre lo humano y la máquina.

Sí que me convence reflexionar el que hoy día la democracia es algo débil y no las lidera, por desgracia,   ciudadanos virtuosos. Desde Tocqueville a Habermas nos recuerdan que existe un sustrato pre político de corrección ética que la política no genera por sí misma y sin el que un régimen de libertades puede devenir inviable. Leyendo también a Benigno Blanco comenta que ya, Juan Pablo II y Benedicto XVI (este incluso dialogando con el propio Habermas), han hablado y mucho de este factor de sostenibilidad de las democracias.

Aristóteles, modelo de honradez intelectual mucho más (para mí) que la mayoría de la Comisión Europea me abría los ojos hace tiempo, el cual, no se ve atado a ninguna “ideología”, creencia o escuela de pensamiento que limite su búsqueda de la verdad donde   nos diría algo sublime que a tantos nos deja atónitos:” la ética trata de averiguar en qué consiste la excelencia de que es capaz la persona, excelencia que se identifica con felicidad. La excelencia o virtud es la conformación del comportamiento humano desde la libertad para optimizar las posibilidades del bien de que somos capaces”.

Opino que el camino de la virtud es factible pero no con esfuerzos antihumanos por cumplir grandes ideales luchando contra nuestra propia naturaleza en plan rigorismo puritano. No son dominios de arte o preceptos, sino que en mi actuar debo saber lo que es oportuno en cada caso. La ética no está en los dichosos códigos, ni arriba ni abajo, sino en el encuentro de nuestra libertad con el bien que tenemos frente a frente cada día, cada momento.

La ética de Aristóteles, las palabras de mi buen amigo Benigno, la Comisión Europea y los grandes intelectuales de hoy se me ponen ante el espejo. ¿Qué debo hacer hoy? La ética sugerida desde esas mentes brillantes y otras, son las que deberán lidiar hoy y en el futuro con la interacción entre ella y el propio ser humano.

A fecha de hoy, todo esto se ve inviable y no me cabe duda que existen muchos interesados que deseen llenar nuestras mentes de ideas “fuera de madre”, desatadas, para que el mundo de la ética, de esa ética que hemos bebido desde el Humanismo Cristiano sea tirada por la borda, pues no es políticamente correcto ni llena los bolsillos de los mandamases que dirigen el pobre Occidente. Pero sin duda, estamos ante un gran desafío donde hemos de estar con todos nuestros sentidos abiertos.

Mariano Galián Tudela, Foto 1
Mariano Galián Tudela

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