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Papá estado

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Papá estado

Va para casi cien años cuando un buen sociólogo europeo nos hacía llegar la siguiente reflexión: "Hemos de promover la supresión de la propiedad privada de nuestras tierras para facilitar a cada persona su libre asentamiento. Sería bueno e interesante propugnar una reforma agraria, ya que los dichosos terratenientes, reducen el salario de las clases trabajadoras y ello conlleva el abandono de nuestros campos, y al final, estaremos en una situación que conducirá a una oferta de la mano de obra en la industria y las ciudades superior a la demanda". La historia nos ha demostrado que al final vieron que era mejor dejar subsistir a estos pobres "siervos de la gleba", esclavizarlos y hacer de ellos lo que hiciese falta. Cuando removía estas páginas me acordaba del Estado en su máximo esplendor. El mundo económico andaría, como siempre lo ha sido, alrededor del intercambio voluntario y, los políticos, por desgracia, en la extirpación violenta de todo recurso. Así, una vez más, el Estado viviría a cuerpo de rey con el robo. Pensemos en el hoy , nuestra querida España.

Lo dicho hasta ahora es demostrable históricamente. Aún más, otro sociólogo y politólogo como Max Weber argumentaría también que "El Estado es siempre relación de privilegios donde hay dominados y dominadores". Y me cuestiono en pleno 2022 ¿ Cómo es posible que en pleno siglo XXI hemos llegado a mirar a este gran gigante como es el Estado como algo casi sagrado? ¿Tan cortos somos?

Hablando de ello en casa, dentro de un torbellino de ideas , me han dado a entender que "protegernos frente a posibles invasores es una exigencia de toda persona, también necesidad de los mismos dominadores, ya que Papá Estado solo puede sobrevivir tanto en cuanto otro grupo superior a él no desee doblegarlo.

La Memoria Histórica ha sido una realidad en estos quehaceres y con el tiempo, el hecho, en muchas ocasiones ha sido una realidad. Nos situamos, gusten o no, ante una incapacidad general de concebir nuestras vidas sin que exista un verdadero Estado, un Gobierno. El mundo moderno nos traería de regalo una imagen más que divina del propio Estado, encontrando su máxima realeza en los brazos de Hegel y su teoría de que este era la "marcha de Dios sobre la Tierra". Pero piensen por un momento que si hemos de preservar dicho bienestar que venimos anhelando, jamás hemos de omitir la verdadera naturaleza parasítica e impetuosa, cuyo radio de acción debe coartar considerablemente para evitar el agotamiento de los dominados.

Situándonos en un Estado como el español que lleva a sus espaldas una pandemia, unas leyes de mordaza y una censura de elevada cuantía me preguntaba cómo ven nuestros jóvenes estos cambios tan abismales y faltos de libertades. Me da la impresión que los jóvenes de hoy, aunque parcos muchos de ellos en historia de España y del mundo, no son en su mayoría el vagón de cola de la historia, como a menudo se les retrata, sino la locomotora de un cambio social que propicia ciertas alegrías. Los primeros en cumplir la mayoría de edad en el siglo actual, han sido forzados parece ser a inventar nuevos caminos para navegar. Digo "forzados" en cuanto a la crisis económica que les ha llevado a replantearse desde sus hábitos de consumo a su forma de trabajar pasando por su idea del éxito. Pequeños cambios que van cristalizando en tendencias sociales más que profundas. Están aprovechando su dominio de las nuevas tecnologías, el mundo del emprendimiento, andando remodelando industrias enteras e incluso están cambiando la noción misma de empresa, economías compartidas, vidas más austeras donde muchos no están interesados en combatir el capitalismo sino en transformarlo.

Quizás, lo que me alegra más es lo leído en The Federalist cuando se argumenta que los jóvenes americanos, por qué no los españoles, tratan de mostrar al mundo que son capaces de buscar el bien. Estoy convencido de aquello que observé en uno de ellos cuando ven la profesión como un lugar de crecimiento personal, y tienen una idea del éxito menos materialista que sus mayores y que sus hábitos de consumo y sus gustos están más cerca de lo comunitario que del narcisismo. Por último, sobre los jóvenes, de sus jefes esperan que les comuniquen con claridad "hacia dónde va la empresa y cuáles son sus valores". Aunque no es todo tan color de rosa como aquí se plantea, véase sino el último informe de Cáritas cómo ha subido el umbral de la pobreza severa en nuestro país.

Estamos ante un Gobierno, distinto del que hablábamos al principio, en el que algunos, en nombre de una ortodoxia que no se atreve a llamarse así, se dedican a la inquisición de errores en los productos del pensamiento libre para denunciarlos, es decir, delatarlos a la opinión pública y a las autoridades políticas, para que se adopten las medidas represalias. En muchas épocas se ha registrado esta "policía del pensamiento", pero nunca como ahora se había dado la paradoja de que su justificación sea la defensa de la libertad.

MARIANO GALIÁN TUDELA.

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