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Mártires de hoy

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Mártires de hoy

Que sepamos, existen entre nosotros otras muchas personas que llevan a cabo un trabajo profesional muy distinto al que cualquier español u occidental pueda plantearse para vivir hoy, en este caso, he conocido a auténticos jabatos que se las ventilan como gurús que surfean los distintos rincones del mundo en busca de bellos documentales en torno a la persecución del mundo cristiano. Como no podría ser menos, sus vidas transcurren entre horrores y esperanzas de las minorías más acosadas del planeta. Dejar la susodicha Sociedad del Bienestar para trasladarse a tales confines tiene tela moruna. Darse unos borneos profesionales por Siria, Iraq, Nigeria, Pakistán, Egipto y zonas de conflicto no debe ser "peccata minuta". Al final, salieron de nuestro país para más tarde denunciar lo que allí ocurría pero subrayan con entereza el gran tesoro de la humanidad, de fidelidad, la gran riqueza de los mártires que viven en dichas latitudes y testigos claves de los siglos XX y XXI.

Hemos pasado del prejuicio informativo ante la persecución de los cristianos a la apertura de ciertos medios de comunicación internacionales que no callan ante las masacres de coptos en Egipto como uno de tantos ejemplo. Los medios occidentales tienden a minusvalorar la cuestión porque lo consideran un problema ideológico, acoso moral. Si tal medio es progresista, a sus editores les suena a un asunto de gente de derechas, y creen que no conviene darle mucho espacio. Si se habla de radio, televisión o prensa escrita también de derechas. La realidad es que no saben cómo tratarlo, no es una información fácilmente clasificable. Estamos ante persecuciones de mayoría musulmana, hinduismo político, comunistas y otros afines. Deberán entrar con mucho tacto prensa independiente y que no esté sujeto a cadenas algunas. Serán fundaciones de distintas índoles las que pagarán al final tales viajes tan poco apetitosos.

Nos situamos ante datos rotundos. Una próspera comunidad cristiana iraquí, por ejemplo, de millón y medio de personas, en su mayoría católicos, caldeos y asirios, cuya existencia se remonta al primer siglo de nuestra era, se ha quedado reducida aproximadamente a 450.000 personas. La población cristiana de Siria ha pasado del 30% en la década de los años veinte del siglo pasado a menos de un 10% en el lejano 2015. Estamos ante una limpieza étnica clara. Existen resoluciones del Parlamento Europeo, Cámara de representantes de los Estados Unidos, pero más allá de tanto papel, son nuestros reporteros independientes los que nos muestran los dramas humanos que existen en realidad.

Cierta vergüenza nos debería dar a la población occidental cuando iraquíes y sirios cristianos se quejan de la ceguera ideológica de los occidentales que desean imponer una forma de democracia que no funciona en Oriente Próximo. A estas alturas nos preguntamos desde aquí al respecto si Occidente tiene las manos limpias. Investigo y pregunto y me llegan los siguientes resultados: Occidente y Estados Unidos no se acaban de enterar y no por falta de información sino por falta de claves interpretativas, así apoyo de Obama a los hermanos musulmanes, los bandazos de Trump con los acuerdos de Arabia Saudí. Nuestras ventas de armamento van por los cien mil millones y es que el dios dinero es demasiado fuerte. La persecución contra los cristianos no es única, también reciben caña los musulmanes y es que donde hay una religión con cierta fortaleza van a por ellos. Dicen estos reporteros que la solución no es tener una religión débil. Todo lo contrario. La religión, la religiosidad auténtica, no es parte del problema sino de la solución. El reto es que la pretensión que tiene el poder político de apropiarse de lo religioso tenga freno y para ello hace falta una experiencia religiosa descomunal, que no busque las prebendas del poder.

Los cristianos de aquellas zonas tienen por cierto que son los testigos de la verdadera naturaleza del cristianismo. Opinan que son la continuidad, la memoria en un lugar preciso de cómo empezó y continúa todo. Son la respuesta a los dos grandes retos del siglo XXI: relativismo y fundamentalismo. El fundamentalismo afirma la verdad sin libertad; el relativismo afirma la libertad sin verdad. Pero, sin libertad, la verdad se convierte en ideología; y, sin verdad, la libertad no se realiza. ¿Cuál es la forma que permite afirmar la verdad sin menoscabar la libertad? El testimonio. Y el testimonio, con todas sus implicaciones culturales y sociales (pensemos en el perdón) es, sin duda, una gran contribución civil. Los cristianos de Oriente Próximo nos enseñan a los demás que el cristianismo fue y es un acontecimiento histórico y geográfico. Hacen una contribución decisiva a la pluralidad de sus países.

Llama la atención el contraste entre nuestra indiferencia occidental a los sufrimientos de los cristianos y la atención dedicada a la persecución de los musulmanes rohingyás por el gobierno birmano. O a la de los yazidíes en el norte de Irak, a los que la prensa europea y norteamericana concedía más foco que a los cristianos, sometidos a idéntica persecución por Estado Islámico. En realidad, el occidental contemporáneo no entiende que los cristianos de Oriente Medio, la India o África sigan tomándose tan en serio su religión. Piensan en el fondo que los problemas de discriminación religiosa se solucionarían mejor con la receta que propuso Marx en La cuestión judía: mediante la desaparición de todas las religiones. ¿Por qué pagar un precio tan alto por mantener unas creencias anticuadas e irracionales?

Los cristianos orientales no gustan del empoderamiento trans, matrimonio homosexual, las charlas pornográficas a niños de ocho años, el aborto…Tampoco se han secularizado: la práctica religiosa sigue siendo muy alta. Suelen tener familias muy sólidas y proles numerosas. Son la imagen de lo que hubiéramos podido ser de no producirse la revolución moral-cultural de los 60-70. Quizás por eso los ignoramos.

Todo esto lo hace posible un cristianismo que confiere identidad y si la identidad es aquello que nos define, no estás dispuesto a renunciar a ella, pues dejarías de ser tú. Ante esta nueva perspectiva de ver la vida hemos de mirarles, escucharles, recoger sus tesoros, padecer con ellos "de alguna manera" y alegrarse con ellos. Ahora llega la parte más difícil de lo aprendido de estos auténticos reporteros.

Ante este paradigma me pregunto si en realidad, al mundo occidental le incomoda su maldita fidelidad. Si son un reproche mudo contra la forma de vida que hemos cogido por estos contornos: "Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y (….) nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar, y su sola presencia nos resulta insoportable. Porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes.

Aquí, en una provincia pequeña española, Murcia, también existen hoy mártires de "aupa". Nuestras familias dejadas de sus gobiernos regionales, las pobres pymes y las leyes que nos vienes desde Madrid a través del BOE, son otra forma distinta de matarte pero a base de leyes y dejadeces. No te matan: dejan que te mates tú solo.

MARIANO GALIÁN TUDELA

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