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La nueva tontuna y nefasta masculinidad

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La nueva tontuna y nefasta masculinidad

Sempronio pasa a la historia por estar al servicio de Calisto en "La Celestina" de Fernando de Rojas. Hombre egoísta y que se mueve por sus propios intereses, lo cual hace que traicione a su amo y se alíe con Celestina para conseguir beneficio material. Sempronio, en un momento dado argumentará al consolar a Calisto que la mujer es la imperfección en persona, que es la malicia que saca al hombre del paraíso y lo introduce en los infiernos, haciendo referencia al mito de Adán y Eva. A este hacer del caradura y fresco de Sempronio, precisamente, es posible que algunas incultas como Colau y otras pobres mujeres se agarren al hierro ardiendo en beneficio de Melibea. Esta misma semana, el Ayuntamiento de Barcelona tira la casa por la ventana en nombre de "una nueva masculinidad". Nos situamos ante cuatro incultos auspiciados con buen dinero del erario público y sacar cada dos o tres meses auténticos disparates para seguir creando un caldo de cultivo social-comunista que les haga vivir mucho mejor de lo que se imaginan.

Estamos ante ambientes difíciles en cuanto a hablar de masculinidad a no ser que le añadas un poco de azafrán con el adjetivo "tóxico". Los hombres estamos bajo sospecha en la Europa que nos ha tocado vivir y, rasgos asociados a la personalidad masculina están muy mal vistos. Ser fuertes, valientes, arriesgados, tener aguante, ser magnánimos en proyectos no es ser, por lo visto, políticamente correctos. Para algunas tendencias feministas, con los mimbres de esa masculinidad surge el dominio patriarcal que habría que erradicar y, es por ello, el propugnar una nueva masculinidad, que en tal diseño de laboratorio hace a los hombres menos tóxicos y más subnormales, más proclives a rasgos femeninos, con lo que la sociedad entera sale ganando y las mujeres estarían más seguras. Dichas mujeres son cuatro pobres desgraciadas con una mente llena de auténticas baratijas tanto en conocimiento como en sabiduría.

Cabe esperar que desde tal perspectiva feminista se revalorizan diversas formas de actuar y metas propias de estas pobres mujeres. Sin embargo, a veces, suele ocurrir lo contrario: envían el mensaje de que los hombres son el estándar por el cual las mujeres deben ser medidas. Mary Eberstadt, en "Gritos primigenios", socióloga, nos recuerda que las mujeres que no pueden o no quieren competir en términos masculinos(trabajo, sexo, vida social, etc) no son tan valoradas como las que se comportan más como los hombres y, desde la cultura popular hasta los deportes, desde la escolarización hasta el mundo del hogar, las mujeres que se inclinan hacia lo masculino son mucho más propensas a ser recompensadas que las mujeres que no lo hacen. Mientras que las que privilegian la dedicación de tiempo y talento a la familia y a la crianza de los hijos resultan menos valoradas. Más aún, se pone demasiado empeño en que las mujeres elijan estudios donde predominan los hombres, como ingeniería o informática, en vez de dejar que cada una escoja libremente lo que le interesa y, a la vez, revalorizar social y económicamente carreras que suelen atraer más a ellas.

Dicho estilo masculino lo notamos también en el feminismo más aguerrido que, de una manera u otra se va haciendo más paso entre los "no feministas". En un mundo donde el sexo libre ha hecho que la compañía masculina sea más problemática que antes, algunas de ellas han adoptado la colaboración protectora de las características masculinas como las bravuconadas, un cierto lenguaje soez, actitudes desafiantes y otras. Paradójicamente, tales características propias de una masculinidad más que tóxica son ahora utilizadas también por las que desean combatirla.

Suponemos que siempre habrá que luchar contra los casos de abuso y acoso que algunos hombres cometen pero…presentar tal patología como algo intrínseco a la condición masculina no pasa de ser una premisa ideológica. Tiene su aquel cuando después de denunciar los estereotipos sexuales, se fabriquen un nuevo cliché del hombre como opresor y acosador sexual sistemático.

Ante la posible prepotencia del varón no se trata de renegar de cualidades propias de la masculinidad, sino de encauzarlas de un modo constructivo. El problema es que cierto feminismo "no logra entender que tanto la impotencia como la prepotencia son degeneraciones del verdadero don de la masculinidad, que consiste en la potencia buena, fecunda y fecundante, de la que el mundo y , por supuesto, la mujer seguimos teniendo una gran necesidad". No se necesitan hombres más débiles, sino hombres que sepan orientar sus impulsos para construir el bien. Todo varón se vuelve adulto cuando ha aprendido a transformar la pulsión agresiva/deseosa en capacidad afirmativa, y en tal fuerza creativa que es capaz de activar y fecundar la realidad: su potencia.

La denigración sistemática de la masculinidad y el intento de educar a los niños como si no se distinguieran de las niñas, como con los juguetes, maneras de vestir y hablar, etc, solo ha llevado a crear hombres más frágiles y desorientados. Y las mujeres no ganan nada con ello, pues lo tóxico no está en la masculinidad, sino en la misoginia , muy dado en la persona de Sempronio.

En la masculinidad de otros tiempos había elementos negativos, que en buena parte se han ido superando. Hoy día es preocupante la fragilidad narcisista en varones desorientados. Ya nos decía el pensador canadiense Jordan Peterson: "si piensas que los hombres duros son peligrosos, espera a ver de lo que son capaces los débiles".

Podríamos decir que la masculinidad tóxica para la mujer de hoy no deriva de la supuesta potencia del hombre sino de su fragilidad y "medio confusión". En las relaciones de hombre-mujer, la sobreabundancia de parejas sexuales ha hecho que sea difícil retener a cualquiera de ellas, y el descenso del valor del matrimonio, que era lo que antes captaba la atención definitiva del hombre, complica aún más contar con su compromiso. Al cabo de varias décadas de revolución sexual, son muchas las mujeres occidentales que han experimentado que han servido más para liberar a los hombres y facilitar el sexo sin compromiso que para avanzar en respeto a la mujer. Así, la retórica malhumorada y furiosa del feminismo responde a una sensación de vulnerabilidad. Estamos ante unas estrategias diseñadas para compensar la escasez de una atención masculina duradera y, en concreto, la ausencia de protección masculina. El combate feminista de hoy promete así proporcionar a la mujer la ayuda que antes encontraba en los vínculos familiares, Pero luchar contra el fantasma de la "masculinidad tóxica" no va a proporcionar una verdadera alianza entre hombres y mujeres.

Ya nos dice estos días nuestro gran Director de Cine José Luis Garci: Los españoles no nos hemos querido nunca desde hace siglos. Algo de razón y, un poco más lleva.

MARIANO GALIÁN TUDELA.

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