Mescolanza totalitaria

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Mescolanza totalitaria

Estamos advirtiendo en ambos partidos políticos más sólidos de España , con años de experiencia y demasiados "vaivenes" que, lo de las puertas giratorias se les da de maravilla, pero si hablamos de totalitarismos, unos con más explosividad y los otros de manera sibilina , los años en los sillones del poder van conquistando sus redes de proezas autoritarias y, al final, de una u otra forma la democracia se va diluyendo, pero no todo queda ahí. Las mismas señas de identidad desde su nacimiento al hoy, sus propias fundamentaciones del porqué en sus acciones quedaron en el baúl del olvido. "El sí quiero en su puesta de largo", con el tiempo se ha quedado en ovillos de lana mas bien enquistados.

Nuestro buen profesor D. Alejandro Llano y tantos otros del mismo calado han dejado escrito para las generaciones futuras que "la verdad no solo depende del sufragio universal". En cierto modo llevan bastante razón, ya que un buen gobierno no debería oponerse a que el conocimiento de la ciudadanía aumentase, pero nunca, desde el poderío adiestrarnos a lo que es verdadero o bueno. Si el poder público, nacional o autonómico imponen como verdad sus opiniones, cosa que está sucediendo, están destruyendo por completo la libertad. La falta de conocimiento, estudios y reflexiones de nuestra ciudadanía hace de por sí que no caigan en estas insensateces. Cualquier democracia, por ella misma, no nos vacuna contra totalitarismos de calidad o de tercera regional. Sabemos que el término democracia se opone a autocracia o dictadura, pero no al totalitarismo. Democracia y Totalitarismo, por si no han caído del balcón, pues, no son incompatibles. Ya Tocqueville nos hablaba al respecto: "las naciones de nuestro tiempo no pueden evitar la igualdad de condiciones en su seno, pero de ellas depende que esta igualdad las conduzca a la servidumbre o a la libertad, a la civilización o a la barbarie, a la prosperidad o a la miseria". Tal es así que llega uno a pensar que la democracia no garantiza la libertad, la civilización y la prosperidad y tampoco las impide. De ella nacen dos senderos, y depende de cada nación o autonomía cuál de los dos escoge: el de la libertad, la civilización o la prosperidad, o el de la servidumbre, la barbarie y la miseria.

Una vez más, Tocqueville, nos advertiría que en los tiempos democráticos, bastaba el déspota con amar la igualdad o aparentar que la amaba y, al mismo tiempo, la ciudadanía rechazaría cualquier atentado contra la igualdad, pero aceptaría sumisa la entrega de su libertad al poder democrático. Baste con mirar: la intromisión ilegítima en la educación, imposiciones de memorias históricas, costumbres o tantas otras. Corremos el peligro, ya estamos en ello, de imposiciones estatales y autonómicas de "religiones" laicas y políticas. Condorcet añadiría: los mismos que desearon liberar a los hombres del yugo de la religión se arriesgan a convertirse en servidores de un culto no menos opresivo. A partir del momento en que es el poder el que habla al pueblo lo que hay que creer, nos encontramos con una especie de religión política, apenas preferible a la anterior".

Todo poder, venga de donde venga, podrá de este modo vigilarlo y controlarlo todo, hasta las conciencias. Muy equivocados andan quienes piensen que los ciudadanos no necesitamos defender nuestras libertades frente a nuestros representantes. El mismo John Stuart Mill afirmaba que el gobierno debe promover y exigir una buena educación para los infantes, pero jamás proporcionársela por él mismo. La función del Estado en la educación es garantizar el ejercicio del derecho a ella, pero nunca determinar su contenido. A menos que opte por el totalitarismo.

La lógica del Estado del Bienestar conduce en la práctica a invalidar el criterio de Mill para delimitar cuándo la sociedad puede interferir legítimamente en la libertad de las personas. Todo lo que hacemos puede, en cierta medida, afectar a otros. Así, todo puede ser regulado o prohibido. Lo estamos viendo de lleno. Lo mismo cabe decir de la intromisión en lo que les plazca. El Estado aspira a regularlo todo, no debe dejar nada en manos de otros, ni siquiera el civismo o la buena educación. Amartya Sen, nada de ultraliberal, comentaría: "La importancia ética de la libertad de un tartamudo a no ser menospreciado o ridiculizado en público puede ser muy importante y merecer protección, pero no es probable que sea un buen tema para que la legislación represora suprima la violación de la libertad de expresión de la persona afectada. La protección de ese derecho humano tendría que procurarse de otra manera, así, a través de la influencia de la educación y la discusión pública sobre la civilidad y la conducta social".

Libertad, civilización y prosperidad hoy están más que amenazadas entre nosotros, aunque la mayoría, miope, solo se fije en la prosperidad. Nadie sensato comparará nuestra situación con la que impusieron los totalitarismos pasados. Pero tenemos hoy, en pleno XXI. totalitarismos que oprimen directamente las conciencias sin necesidad de violentar los cuerpos. No es que la libertad nos esté siendo arrebatada; más bien la perdemos por desuso, por falta de afecto y apego a ella. Por ello, es mucho más urgente reivindicar hoy la libertad que la igualdad, mucho más amenazada. No estamos ante un destino inexorable. De ustedes y de nosotros depende que la democracia nos lleve hacia la libertad, la civilización y la prosperidad, y no hacia la servidumbre de derechas e izquierdas, hacia la barbarie y la miseria.

Tenemos todo un verano para pensar en dos quistes malignos que se han apropiado de nuestra sociedad. Por un lado, desde el Gobierno Central se ha hecho lo posible y lo imposible para desear que una nación cambie por completo su propia naturaleza e identidad mientras que la ciudadanía ha ido soportando tales situaciones. Por otro lado, desde distintas Autonomías, gobernadas por otros partidos políticos corrompidos por los años de poderío, chanchullos y diversas mezquindades son muchos los que han aceptado que la vida política es así, que la familia, justicia social y la vida están muy por debajo de la economía de un país, donde el neoliberalismo es ahora el catecismo político que debe enarbolar nuestras conciencias. En definitiva, lo hagan mejor o peor les hemos dado por completo nuestra confianza para siempre. Ambas políticas, desde sus balcones déspotas y deseando que todos nosotros seamos sumisos a tales programas de una sociedad que no parece tener como la canción: alma, corazón y vida.

Apostemos por mirar a nuestro alrededor ante políticos con entusiasmo, coherentes y de prestigio profesional. Ansiemos escuchar políticas que vayan de lleno al mundo de nuestras familias y, sobre todo, a no cejar ante lo bueno que nos han dejado nuestros padres y con perspectivas de lujo hacia el futuro. Todo ello se consigue con una libertad bien fundamentada y no dejarnos llevar por grandes fuegos artificiales que por mucha luz y poderío esplendoroso nos pueden llevar a más de lo mismo. La hora del bipartidismo cutre y poco fructífero ya ha pasado.

¡Feliz Verano a todos!

Secretaría Nacional de Formación, Estudios y Programas de "Valores"

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