“Aceptarse como escritor”

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“Aceptarse como escritor”

Resulta un pequeño o mediano o gran drama que una persona esté toda la vida dedicada a la escritura, sea en el género que sea, y, nunca se acepte a si misma como escritor. 

Cierto es, que la persona que escriba, durante todos los días, y, que no obtenga reconocimiento público y social, de su escritura, está en una tierra intermedia, entre que se es escritor y no se es. Porque si su producto cultural, sus miles de textos que produce, no es reconocido por los otros, por la sociedad, por los estratos sociales de la cultura que se dedican a esa faceta, ni a nivel provincial o regional o nacional. Se encuentra en una situación difícil de entender y comprender, no solo para los otros, sino para si mismo… 

Diríamos que el proceso de la producción cultural, aplicable a cualquier faceta, en síntesis sería algo así: observar, pensar-analizar, redactar textos u obras en esa materia, publicarlos u ofrecerlos a los demás seres humanos, recibir un estipendio económico o/y una valoración cultural de calidad. 

Lo mismo aplicable al matemático que realiza ecuaciones o algoritmos nuevos e innovadores, lo mismo al autor plástico que rellena hojas de papel y lienzos de colores, lo mismo para el escritor-escribiente-polígrafo que llena páginas enteras de palabras y frases e ideas y conceptos… 

Hoy, el sistema de comunicación de la información, toda persona, que se dedica, de forma rutinaria y diaria, a una labor equis de producción cultural, aunque después, tenga que realizar o al mismo tiempo, otra labor profesional o laboral con estipendio económico, además de sus deberes de estado, sean familiares, sociales, etc. Hoy, decíamos, un individuo, que se dedique, pongamos por caso a la investigación matemática o a la escritura literaria o semiliteraria, puede cumplir con todos los pasos: 

Puede observar la realidad, puede transformarla de algún modo, con su pensamiento y análisis, puede después plasmarla en papel, con el lenguaje y la metodología propia de ese saber o esa disciplina, sea científica o sea filosófica o sea literaria o sea artística o…, y, puede darla a conocer al público, publicarla, darla a otros que si quieren puedan beber en esas aguas, o en forma de autoediciones, en autopublicaciones, o sea en forma de mostrarlos en Internet. De tal modo, que con el anterior procedimiento, pueden encontrar diez lectores o analizadores de su trabajo. 

El último nivel/paso/fase es la aceptación o no aceptación de su trabajo, que la comunidad académica o universitaria, la comunidad cultural especialista o experta en esa materia o disciplina, la acepte/valore/analice/pondere o no, a nivel social o entiendan que ese producto cultural, es una realidad cultural que entra dentro de su especialidad, y que esa persona, que ha construido esa producción, entra a ser uno más de ellos. O, y, relacionando con lo anterior, obtenga algún beneficio social o económico o académico, etc. 

Solo estas dos últimas condiciones, que puede ser autotituladas/definidas/descritas  solo como una, ésta es la que generalmente no se cumple… Sea porque el producto no tiene suficiente valor, puede porque el mundo académico y cultural especializado en ese tipo de producción cultural, a nivel territorial local o regional o nacional, no admiten ese producto o a ese autor o autora de ese producto, o sea por mil razones… 

Dicen que en Islandia, una de cada diez personas, ha publicado o autopublicado un libro. Dicen según Google, que existen actualmente, ciento treinta millones de libros o títulos diferentes, el Quijote solo sería uno. Dicen que en cada generación, ahora mismo, puedan existir viviendo en el mundo, en mayor cantidad o calidad, varios millones de escritores, varios millones de artistas plásticos, etc. 

La sociedad por su parte, en su riqueza de entidades sociales y culturales, quizás, debería buscar modos y maneras y formas y metodologías, que la producción cultural, que sus ciudadanos realicen, sea de mayor calidad o menor, de mayor innovación o menos, de mayor cantidad o menos según individuos. La sociedad debe buscar modos y maneras, que esa producción cultural se pueda conservar y catalogar y archivar, para que quede para futuras generaciones, ya que puede suceder, que en un futuro a medio plazo de tiempo, construcciones culturales, que en su momento no se valoraron, puedan verse con otras ópticas. En el peor de los casos, serían como las ermitas de los pueblos, que no son las grandes catedrales góticas de esos territorios, pero forman parte de su identidad local y comarcal. Las personas tienen realidades afectivas y cognoscitivas, en relación a esos lugares y formas y maneras y tiempos y espacios… 

Aceptarse como escritor, una persona, que a lo largo de los años ha redactado miles de textos, en miles de páginas, y, que algo de todo ello, lo ha mostrado en la plaza de toros, de la cinco de la tarde, sea en autopublicaciones, sea en la galaxia Internet, haya tenido diez lectores o haya tenido millones. Aceptarse como escritor, una asignatura enormemente compleja, haya inventado personajes o haya plasmado algo en poemas, teatro, novela, aforismos, ensayos, artículos periodísticos. Aceptarse como escritor, una realidad, que puede ser enormemente compleja. Porque la mayoría, saben y conocen, que con los sistemas de archivo y documentación actuales, sus páginas y textos están condenadas a la desaparición, sea en más o menos tiempo. Y, ante, este pequeño drama social y cultural, todo el mundo se calla y se duerme y se silencia… Paz y bien…

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