La pócima de Martina

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La pócima de Martina

Martina era una adolescente peculiar. También tenía ¨Instagram sí, y demás redes sociales y a sus casi 16 años llevaba varios modelos de smartphone consumidos. Le encantaba hacerse selfies y echar largas jornadas de charla a través de la pantallita con sus amigas, inventando y arreglando el mundo.
Tenía una afición particular, le encantaba el campo y el estudio de las plantas, sus características, propiedades y usos.

Cada solsticio de verano, preparaba las alforjas de su bici, introduciendo en ellas varias bolsas de algodón, tijeras y mucha ilusión , para llevar a cabo una actividad muy especial, con la que soñaba todo el año.

Días antes del gran día ´ 23 de junio y después de haber estudiado sus exámenes de 4 de la E.S.O., que por cierto había resuelto con excelentes calificaciones, Se relajaba por las tardes dedicándose a explorar el monte cercano a su domicilio para ver que florecillas estaban en su punto exacto para recolectar. Lo anotaba en su cuaderno, marcaba la ubicación de cada una. Lo tenía todo previsto. 

¿ Y para qué esas florecillas? ¿Para qué dedicar tanto tiempo? ¿Por qué tanto misterio? 

No era una flor cualquiera ,Se trataba de una flor muy especial, llamada “hiperico”, también conocida por “hierba de San Juan” por eso de que florecía por la fecha. También por otros nombres según el lugar, como hierba del soldado, corazoncillo… Lo cierto es que daba igual el nombre o lugar de floración ya que las propiedades medicinales y terapéuticas eran espectaculares. Desde curar las picaduras de mosquito , aliviar el dolor de quemaduras y otras muchas más. Ya era conocida en la antigua Grecia por Hipócrates y Galeno. Se trataba de una planta herbácea que podía crecer hasta un metro, se solía encontrar en la orilla de los caminos. De un color amarillo brillante y cinco preciosos pétalos, donde se encontraba su mágicas esencia ¨La hipericina¨ 

Martina cortaba con mimo las sumidades florales para no perjudicar la planta, las depositaba en las bolsas de algodón y regresaba a casa pedaleando. Preparaba todo para poder llevar a cabo el ritual justo a las 24:00 horas de la noche de San Juan.

Esperaba que prendieran las hogueras, rodeada de un ambiente mágico y purificador, iluminada por la luz del fuego, según mandaba la tradición en esa noche mágica comenzaba.

Depositaba las florecillas amarillas en frascos de cristal previamente esterilizados, añadía aceite de oliva virgen extra. Los cerraba bien y los dejaba al sereno, 

La fórmula era 250 gramos de flores por litro de aceite. Durante cuarenta días y cuarenta noches lo dejaba al sol y a la luna. Dedicaba mucho trabajo y mimo , pero merecía la pena. Movía el frasco un par de veces al día, era meticulosa la tarea. A la misma hora por la mañana y por la noche ,daba nueve vueltas en sentido horario, otras nueve en sentido antihorario, agitaba otras tres enérgicamente y ponía toda su intención en transmitir el poder sanador de la naturaleza al frasco.

El amarillo oro del aceite, al final del proceso, se transformaba en un rojo rubí, momento en el que lo filtraba, con un colador de gasa , usando frascos color ámbar para que conservara sus propiedades. Seis semanas después estaba listo para usar.

Pero lo que más le gustaba a Martina, era pasar por las casas de sus vecinos ofreciendo su aceite mágico.

Estaba muy bien presentado en envases de diez mililitros con una pipeta para aprovechar cada gota y que pudiera aliviar quemaduras, picaduras de mosquitos, entre otras propiedades. Acompañaba cada frasco de una etiqueta hecha a mano con unas llamativas letras en las que explicaba las virtudes .

Además de sacarse un dinerillo, se sentía fenomenal sabiendo que su mágico ungüento tenía mucha aceptación entre sus vecinos y cada año le hacían más encargos, lo que le hacía sentir fenomenal.

Era una apasionada de las plantas y sus propiedades. La afición le vino a los doce años, cuando su tita ¨Titi¨, como así llamaba a una de las titas con la que tenía mucha complicidad, en uno de sus viajes, pasó por una Librería centenaria, repleta de de libros antiguos y una sección de segunda mano, allí estaba el fabuloso manual de botánica y recetas mágicas y ancestrales para conservar la salud. Databa ni más ni menos que de 1918. Sus páginas amarilleaban, los dibujos a color eran espectaculares , desprendía una fragancia floral ,quizá fue lo que más llamó la atención de Titi, gran amante de la lectura y de los libros. Parecía algo mágico, pues no olía como otros libros viejos a húmedo o a viejo, el olor era muy agradable. No se imaginaba la ilusión que le haría el regalo a Martina y cómo transformaría su vida aquel libro.

Con el paso del tiempo, siguió investigando sobre las propiedades de más plantas, cursó estudios de biología y química, convirtiendo lo que un día fue una afición, en un apasionado trabajo. Se sentía plena haciendo aquello que le apasionaba y muy feliz de que sus maravillosas pócimas llegaban a multitud de personas.


La pócima de Martina - 1, Foto 1
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