El espejo de Quique

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El espejo de Quique

Desde que Quique era un mico, disfrutaba y pasaba largos ratos delante del espejo de su habitación. Dejaba volar su imaginación, lo mismo soñaba con ser astronauta que se convertía en el león más fiero de la selva. Pero lo que más le gustaba era ponerse la ropa de su madre, pelucas de colores y pintarse la cara .

Delante del espejo, soñaba con ser cantante, ponía caras raras, posaba… Hasta tenía un amigo imaginario que en más de una ocasión le pareció ver reflejado en su espejo. De hecho mantenía interminables conversación con él, en las que le confesaba que se sentía más una niña que un niño. Quique fue creciendo y esta idea fue perdiendo importancia.

Le llegaron otras aficiones y maneras de divertirse con lo que sobre todo pretendía evadirse y sacar a ¨Elisa¨ de su cabeza. Conforme iba tomaba conciencia de lo que sus pensamientos le dictaban, se atormentaba infinitamente . Pasado un tiempo, en plena efervescencia de su adolescencia , consiguió dar un paso adelante y el espejo volvió a cobrar protagonismo en su vida.

Le gustaba ponerse delante , peinarse, hacerse alguna que otra foto , dar volumen a su altavoz inalámbrico, cerrar los ojos y bailar e inventar coreografías al compás de ¨Bohemian Rhapsody¨ o cualquier canción de Freddy Mercury....

Momento en el que se transformaba completamente. Ahí era cuando la imagen de Quique se difuminaba y aparecía lo que tanto le reconfortaba, sentirse Elisa. Se cambiaba mil veces, se miraba y remiraba.

De hecho, de una cortina vieja ,lo mismo hacía una blusa que un vestido de noche para ¨Ella¨. Posaba con elegancia, se daba unos toques de carmin y de rímel, que en más de una ocasión ¨se le corría¨, al caer alguna que otra lágrima mejilla abajo, por la emoción de sentirse Elisa. Este fue el primer paso de su transformación.

De momento era un secreto que guardaba celosamente, ya que detrás de ese chico guapetón, al que le había cambiado el timbre de voz y ya se afeitaba el bigote. Se proyectaba la imagen de un adolescente bien parecido , con un cuerpo esculpido tras largas jornadas de baloncesto y gimnasia deportiva. Admirado por todos por el buen carácter que proyectaba, porque siempre estaba disponible para ayudar a sus compañeros .

Su comportamiento ejemplar en la cancha, generaba equipo dentro y fuera del vestuario y como jugador fintaba como nadie. En cada partido era raro que no anotara cinco o seis triples en el marcador. El día que cumplió dieciséis años, comenzó una nueva etapa para Quique: Tuvo el coraje de hablar con sus padres, contarles aquello que tanto le había preocupado.

¡Lo Había planeado tantas veces! Desde pequeño tenían la tradición familiar en los cumpleaños, de comenzar el día desayunando un chocolate con churros. Así que Quique pensó en continuar la tradición pero vistiendo uno de tantos modelos que confeccionaba. Se probó más de diez los días anteriores,todos combinados gustosamente con complementos también confeccionados por él para la ocasión, no le faltaba detalle.

Pero suele suceder que cuando tanto se planean las cosas, se hace justo lo contrario. Las dudas le inundaban y finalmente bajó de su habitación con el chándal de su equipo. Se sentó a la mesa, mientras su padre terminaba de exprimir las naranjas para los zumos.

Miró a los ojos fijamente a su madre, le cogió la mano. Pidió a su padre que les acompañara y cerraran el círculo agarrados. Quique comenzó la conversación como tenían por costumbre en cada cumpleaños pidiendo un regalo y un deseo. La petición del regalo fue fácil, unas botas de basket que necesitaba, sin embargo para el deseo, tragó saliva varias veces y con voz temblorosa, explicó a sus padres todo lo que llevaba dentro.

Después de un eterno silencio, seguían con las manos entrelazadas con fuerza. Se levantaron de la mesa fundiéndose en un abrazo, al que le siguieron una palabras de su padre, con voz grave que decían: ¨Bienvenida a casa Elisa¨. No pudieron evitar un largo llanto familiar de inmensa alegría , acompañado de suspiros ,que sin duda ayudó a superar el conflicto emocional que tanto tiempo lo había acompañado.

Afortunadamente, continuó teniendo el respeto, cariño y admiración de sus compañeros. Pero lo más importante de todo fue que Quique sabía quien era y no le importaba que pensaran los demás. Dejó atrás la bonita etapa vivida, sin renegar de ella y mirando hacia adelante centrada en Elisa y en el diseño de vestidos de fiesta, lo que fue su verdadera pasión. 

Jero Martínez

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