Sensatez política española

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Sensatez política española

Cuando vayamos a darnos cuenta el septiembre membrillero estará sobre nosotros y con él no sabemos qué tipo de calamidades de salud, políticas, energías u otras tantas caerán sobre cada uno de nosotros. Una vez más, los españoles seguiremos soportando eso y más. La capacidad de aguante que tenemos es descomunal. Mientras, este verano, el mes y medio que nos queda, suponemos que en los diversos lugares de descanso estival, los diferentes grupos políticos irán preparando sus engranajes para el inicio de movida preelectoral que se nos avecina. Entre ellos, el que suscribe será uno de esos, aunque nos tomaremos quince días de cierto relax. Algo tenemos claro: nuestra ciudadanía está más que harta de ir susto tras susto y lamentos que parten el corazón. ¿Tan difícil es la búsqueda del bien, de la sensatez y del bienestar a todos los que nos rodean? El dichoso maléfico relativismo y la falta de ética y moralidad nos están haciendo fosfatina.

La responsabilidad que tenemos los que hemos iniciado el camino político en plena pandemia y observando el destrozo de nuestro país me parece que ni imaginamos donde nos hemos metido. Los toros de Miura se quedan cortos ante tal desaguisado y, al relativismo ético ya va siendo hora le corresponda liderar la responsabilidad sobre la crisis moral de nuestras sociedades occidentales. Muchos son, los que niegan la existencia de criterios objetivos o universales para distinguir lo que está bien de lo que no está y la frontera entre ambos, resulta que está plagada de orificios por donde se escapa lo mejor, es decir, orificios porosos, quedando abierta la vía que conduce a la búsqueda del bien que todos deseamos. Es innegable la discrepancia de ciertas opiniones morales y la influencia de diversos factores sociales y culturales, que suelen ir vinculados, de manera errónea, a posiciones con cierta "tolerancia" y liberales, no dogmáticas. Pero constituye un penoso error que ya viene desde muchos siglos anteriores de la mano de Protágoras.

Podríamos afirmar que los relativistas de hoy día, pacotillas del tres al cuarto, esgrimen sus posiciones con armas arrojadizas frente a adversarios, con posiciones intransigentes y dogmáticas. Ello no solo se ve desde la Moncloa, váyanse a ciertas autonomías de colores dispares y lo entenderán. Claramente, los relativistas suelen ser grandes absolutistas de lo suyo. Son los que se les llena la boca de tolerancia y temas afines. De esta manera, invirtiendo en lo que es correcto, absolutizan el Derecho por donde lo mires, mientras relativiza lo absoluto, así, la ética y la moral.

Hay temas peores que el mundo relativista, siendo la suplantación del bien por el mal, es decir, la absolutización del mal, errar moralmente en lo que debería ser sensato y bueno para todos. El radicalismo de la izquierda y el buenismo de la derecha, llamada ahora la Nueva Izquierda están ahí. Es preciso un necesario diagnóstico no solo desde el Gobierno sino desde las posturas del Sr. Feijóo, del Señor López Miras y compañeros, de los Sres de Ciudadanos y de los mismísimos Verdes. Todos comen del mismo puchero. Pensemos que un relativista consecuente nunca considerará que el aborto sea un delito (al menos que así lo considere la mayoría), pero tampoco un derecho de las mujeres. Quien opina que el aborto voluntario es un derecho es tan poco o nada relativista como quien afirma que es un crimen. El problema reside, en determinar cuál de los dos absolutismos es el correcto. Tema semejante podría decirse de la eutanasia, la pena de muerte y otras muchas cuestiones morales y jurídicas. Los relativistas consecuentes nunca pretenderán adoctrinar moralmente a los estudiantes u otros, ya que niegan la existencia de verdades en el orden moral. El Desgobierno español y casi toda la oposición no asumen el relativismo sino una cierta visión moral (o inmoral) que pretenden imponer ante el hoy y el mañana a toda la sociedad. Son muchos los casos donde se niegan los valores y se promueven los contravalores y el Partido Popular, aunque no les guste, son uno de ellos. Por ello, estamos ante una ingenua calificación de un "cierto buenismo" aplicada a la política y a la actitud pública del Presidente del Gobierno y su Oposición. Nos situamos ante un proyecto de ingeniería social, basado en una negación de los bienes y valores , especialmente cristianos desde un pensamiento débil que fomenta, desde la asunción del relativismo, el valor de la tolerancia y del respeto entre concepciones morales y religiosas diferentes.

Por el contrario, todos ellos, derechas e izquierdas, aspiran a la imposición de sus opiniones. La clara insistencia en la concesión de nuevos derechos refuta, por sí misma, la existencia de nada parecido al mundo relativista. Algo peor aún que la tiranía del relativismo, estamos ante la dictadura del mal, es decir, la inversión del orden jerárquico de los valores, la preferencia de los inferiores sobre los superiores, la prioridad de la negación de los valores frente a su realización y defensa; en suma, la opción por el mal. Podríamos argumentar así que, el relativismo sólo es el primer gran paso en la abolición del bien. El segundo extrae las más perversas consecuencias: la defensa del mal y de lo peor.

En el horizonte, si no rectificamos el rumbo, no nos aguarda la tolerancia ni una moral débil, sino la pura abolición del bien. Nuestros ciudadanos deben tener estos temas muy claros y hasta es mucho más que posible sigamos hablando del tema, ya que se las trae. Una vez más, hoy por hoy, nuestro Parlamento Español junto al Europeo poseen casi la misma hoja de ruta. Ustedes tienen la palabra. Tenemos un tiempo muy hermoso para reflexionar y poder dialogar.

FELICES VACACIONES ESTIVALES.

MARIANO GALIÁN TUDELA

Secretario Nacional de Formación, Estudios y Programas de VALORES

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