Las estrictas normas de belleza de las primeras damas

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Las estrictas normas de belleza de las primeras damas

Me encuentro en el New York Times un artículo sobre la belleza y normas de las primeras damas estadounidenses en cuanto al modo de vestir, de peinarse, de la moda...

En el NYT del 04 de noviembre del 2025, la periodista y cronista Gina Cherelus plantea en una columna larga sobre la cuestión de las normas de estética y de belleza y de gusto de las primeras damas norteamericanas, a raíz de que Michelle Obama habla de ello en un libro de fotos que ha publicado.

Creo que aquí, supongo que se plantearán muchas cuestiones que están en el fondo de este tema, “que la mujer del César, tiene que ser buena y además aparentarlo”, máxima que viene, dicen de la vieja y antigua Roma, pero aquí aplicado a la belleza y el gusto y el peinado y el perfume y la ropa y las poses y los colores del rostro... Pero además, tendrán que enfrentarse y conformarse al espejo de la sociedad, por un lado, digamos tienen que tener los límites de la elegancia, pero no que se note demasiado gasto en ropa, porque la inmensa mayoría de mujeres de la nación, no podrán nunca comprar un vestido o vestidos de ese precio, ni de esos diseñadores, -por eso se alaba tanto popularmente, que repitan de vez en cuando de vestido, en distintas conmemoraciones-, pero también, tienen que competir, -decía alguien hace mucho tiempo, durante siglos y milenios se ha expresado el poder a través de la arquitectura-, pues ahora, también a través de la moda de las primeras damas.

Soy sincero, nadie se engañe, no soy experto en este tema o mejor dicho, en estos temas. Pero claro está estoy y soy de este mundo. He oído mil veces, que esta cuestión, no es sólo aplicable a las primeras damas norteamericanas, sino a todas y a cada de una de los doscientos Estados, y, por extensión, a las damas y damos de las Elites y Altas Elites de todas las sociedades y Estados y Culturas… Y, de alguna manera, el pueblo que somos la inmensa mayoría, en mayor o menor grado, se fijan en esas personas, en sus aptitudes y actitudes, si es que las conocen, pero sí al menos de la ropa, vestido, perfumes, peinados, incluso en el modo de andar y caminar y de mover las manos, los gestos del rostro, etc.

Creo que las primeras damas, en algunos países y sociedades y Estados, los primeros damos, si las esposas son las presidentas de gobierno o las Presidentas-Jefes de sus Estados, pues también tienen que estar en su lugar. Se indica la historia y, decían, las malas lenguas, el drama que el esposo de Isabel, reina del Reino Unido atravesó durante toda su existencia por ser él el consorte y no ser él el Rey... Porque la primera dama o el primer damo tiene que pasar mucho, tragar mucha saliva –se dice que el drama de las Autoridades Máximas de cada Estado, su drama es que tienen que recibir todas las criticas de todos, pero ellos o ellas no pueden decir nada, o casi nada-. Tiene que saber muchos secretos de Estado y de Gobierno, muchas cuestiones de las Altas Elites, muchos temas del gobierno real de su sociedad, Estado, país, pero también de su entorno. Diríamos, guste o no, juegan en otra liga a nosotros los del pueblo, cómo se suele indicar en el lenguaje popular…

Creo que las primeras damas, las norteamericanas, en países presidencialistas -Francia, Estados Unidos; México, Argentina, Brasil, Filipinas, Indonesia, Kenia, Nigeria…-, o en el resto con separación de Jefatura de Estados y Jefe de Gobierno, aquí en nuestra sociedad, se utiliza el concepto de Presidente de Gobierno, no sé muy bien porqué y por qué y para qué, -aunque sí, si sé algunas razones y motivos y causas y fines…-.

Es y son las primeras dama, de algún modo la representación de la sociedad y del país y del Estado, en sus responsabilidades. Son esculturas de carne y sangre y nervios y alma, que representan y simbolizan de alguna manera sus sociedades y sus Estados. Creo que tienen un papel enorme en sus ámbitos territoriales, y, en la medida de cada entidad y cultura y metafísica e ideologías en las que existen, fuera de su espacio geográfico y político. No podemos olvidar aquello de Kennedy, que dicen que expresó: “Que él era el esposo de Jacqueline”, porque la fama y notoriedad de ella fue enorme, algo semejante a lo que le sucedió a la “Princesa Diana”, que descanse en paz y con paz.

Si nos fijamos en la cobertura de telas y colores y perfumes de las primeras damas, creo que combinan y mezclan un estilo de elegancia, pero al mismo tiempo no desentonan de las grandes normas de clasicismo con retoques de novedad e innovación. Podríamos sintetizarlo así, claro está, cada una de ellas, inserta en el ambiente-mar cultural de su sociedad, porque las grandes culturas son como océanos enormes de miles de conceptos e ideas prácticas.

Una primera dama de una sociedad, que no diré el nombre, ni el país, indicó que su novedad sería que los pañuelos de la cabeza serían distintos y de colores. Porque no olvidemos las sociedades y los pueblos también exigen unos modos de vestirse, de ellos mismos y de sus grandes representantes, porque sea por Dios, sea por mandato de Dios, o sea por mandato de los pueblos, las Altas Elites Políticas, están puestas por ambas realidades, mezcladas y combinadas, por esos dos grandes conceptos. Existen primeras damas que ante los ojos de la sociedad están como inéditas y anónimas, otras están siempre presentes, pero todas tienen un poder de influencia enorme...

Bueno, bueno sería recordar al pueblo y sus modas y sus vestidos. Que aprendiesen de las Primeras Damas, en la medida que pudiesen fuesen vestidas, hombres y mujeres, con una austeridad y elegancia clásicas. Existe libertad de moda y de vestido. No voy a criticar ese principio. Pero también, se echa en falta de vez en cuando, más clasicismo y más prudencia y más racionalidad en el vestir. Al menos a partir de ciertas edades. La prudencia en el vestir y la mesura quizás serían virtudes a destacar –cosa que supongo a pocos gustará verlo en letras negras sobre fondos parpadeantes electrónicos-.

Diré una cosa que se romperán muchos vestidos, en frase bíblica, pero la elegancia de lo justo y equilibrado, cada uno con sus posibilidades monetarias de ropa y moda, quizás sea la fórmula. La prudencia en el vestir, creo que podría ser una regla para la sociedad y los Estados, para las primeras damas y damos pero también para millones de mujeres y hombres y adolescentes. Pero aquí, hasta aquí lo dejamos… El artilugio del articulo de opinión se termina… 

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