Amo a las hermanas Brontë y la literatura romántica clásica. He leído sus poemas y algunas de sus obras, pero Cumbres Borrascosas se me ha resistido siempre. Tal vez por esa nube negra que ceñía a la obra nada más comenzar su lectura, o por ser distinta a todas las historias de amor que solemos leer, o como yo digo, "novelas mantequilla": novelas de fácil lectura, de esas en las que las palabras resbalan por tu mente tan rápido que te las terminas enseguida.
Pero no, Cumbres Borrascosas la he intentado leer en inglés y en español. En mi mesita de noche tenía las dos versiones como una asignatura pendiente, y digo tenía porque, a raíz de ver que iba a estrenarse la película, me propuse terminarla.
Pasadas las cien primeras páginas —a las que siempre llegaba—, cogí fuerzas y seguí leyendo, porque Cumbres Borrascosas no tiene nada de novela mantequilla hasta que no llevas la mitad del libro. Es como un mantecado que te gusta, pero se te hace bola, y hasta que no bebes algo para acompañar no pasa por tu garganta. En este caso, esa bebida fue el final de la historia de Heathcliff y Catherine Earnshaw. No os quiero hacer spoiler, pero, en mi opinión, la novela se divide en dos partes: la historia de estos dos personajes y… podríamos decir que la segunda parte son sus consecuencias.
Bueno, os voy a situar brevemente en la historia sin decir demasiado sobre ella.
Esta novela está ambientada en los páramos ingleses y dividida en dos casas muy diferentes: Cumbres Borrascosas, aislada, azotada por el viento y rodeada de páramos, y la Granja de los Tordos, elegante y cómoda, situada en un valle más protegido.
Esta historia comienza cuando el señor Earnshaw, padre de Catherine y Hindley, regresa a Cumbres Borrascosas tras un viaje a Liverpool llevando consigo a un muchacho huérfano, sucio y silencioso. Nadie sabe quién es ni de dónde viene, pero Earnshaw decide acogerlo en su casa y lo llama Heathcliff, criándolo como a un hijo.
La llegada del muchacho altera totalmente la vida familiar que habían conocido hasta entonces. Hindley siente celos inmediatamente y desarrolla un odio profundo hacia Heathcliff, mientras que Catherine se siente atraída por él y pronto se vuelven inseparables. Juntos pasan la infancia recorriendo los páramos, formando un vínculo intenso y casi salvaje… y hasta ahí puedo contar, ya que no me gustaría estropearos la lectura.
Mucha gente no sabe cómo definir la historia de amor entre Heathcliff y Catherine. En esta novela es tan evidente el amor para el lector y tan difícil de reconocer para ellos, que te hace dudar de la etiqueta que podrías ponerle a su historia.
Al final de lo que yo defino como la primera parte de la novela, te das cuenta de la grandiosa obra que tienes en tus manos. Una historia de amor que, sin besos, sin palabras cursis o declaraciones, sabes que la has vivido junto a los protagonistas de una forma tan intensa que tu alma se ha resquebrajado como las ramas de los árboles que azotaban Cumbres Borrascosas.
Pero no penséis en los típicos protagonistas perfectos pero maltratados por el mundo, porque, seamos realistas, si el mundo te maltrata, tu alma y tu vida se alejan, en la mayoría de los casos, de la perfección. Emily Brontë supo llevarnos a esa realidad: describir a unos protagonistas tan imperfectos y, a su vez, tan perfectos el uno para el otro que, si la novela es una nube negra, los protagonistas de esta historia se mueven entre esas sombras irradiando luz siempre que se hallan juntos.
Emily Brontë describe sin describir, nos arrastra a esas cumbres borrascosas y nos muestra ese amor que queda definido en algunas frases que guardaré para siempre:"Si pereciera todo lo demás y quedase él, yo seguiría existiendo; y si quedase todo lo demás y él fuera aniquilado, el universo se convertiría en un gran desconocido. No me parecería que yo formara parte de él."
