Mientras el campo mira al cielo con incertidumbre y los agricultores ajustan riegos al milímetro para salvar sus explotaciones, el agua de las últimas grandes precipitaciones está siendo desembalsada al río Segura desde el Talave en lugar de almacenarse en el Cenajo, que continúa bajo mínimos. Y ante esta situación, hay que decirlo con claridad: la Confederación Hidrográfica del Segura está actuando de forma irresponsable.
No hablo de una imposibilidad técnica. Existe la conducción Talave-Cenajo, una infraestructura construida precisamente para derivar el agua desde el Talave hasta la cola del Cenajo y almacenarla allí para su regulación posterior. Está hecha, está operativa y fue concebida para aprovechar episodios de abundancia como el actual. Sin embargo, el agua discurre río abajo mientras el principal embalse estratégico de la cuenca media sigue sin recuperarse.
El debate no es solo regional, es estructural. El estudio elaborado por el ingeniero de Caminos Jesús Contreras sobre el estado de las 1.300 grandes presas existentes en España dibuja un panorama preocupante. De esas 1.300 infraestructuras, 375 son de titularidad estatal y unas 925 pertenecen a concesiones. Según el análisis, el 75% de las presas estatales no tiene implantado plan de emergencia, y el 60% reconoce en informes oficiales que necesita actuaciones urgentes para mejorar su seguridad. Además, en 143 presas la capacidad de evacuación de avenidas es insuficiente, con riesgo de desbordamiento por coronación, y 170 presentan deficiencias en los desagües de fondo.
Es decir, el problema no es que falten embalses. El problema es la falta de mantenimiento, de actualización y de planificación seria. España es uno de los países con mayor número de presas de Europa, pero muchas de ellas envejecen sin la inversión necesaria para garantizar su seguridad y optimizar su funcionamiento. Y mientras tanto, el Ministerio para la Transición Ecológica destina miles de millones a la eliminación de azudes y a actuaciones paisajísticas de restauración de riberas, parques y arbolado, pero apenas 16 millones a presas. Sin embargo el gobierno de Pedro Sánchez a comprometido con Marruecos en financiarle 36.000 millones de euros hasta el 2050, para él desarrollo de su Plan Nacional de Agua. Esa desproporción no es una anécdota presupuestaria; es una declaración política de prioridades.
Resulta aún más incomprensible cuando se analiza el contexto del Trasvase Tajo-Segura. La cabecera del Tajo está en nivel 1, lo que permite legalmente trasvases automáticos de hasta 60 hectómetros cúbicos mensuales. Sin embargo, con la aplicación de los nuevos caudales ecológicos, la previsión es que a la Región de Murcia lleguen 100 hectómetros cúbicos menos en el conjunto del año. Se reduce el aporte estructural mientras se desaprovechan aportaciones coyunturales cuando la naturaleza ofrece una oportunidad de almacenamiento.
No se puede exigir al sector agrícola eficiencia extrema, modernización constante y adaptación permanente, mientras la administración permite que hectómetros valiosos se pierdan por decisiones de explotación cuestionables y por una política hidráulica que parece más centrada en desmontar infraestructuras que en mantener y optimizar las existentes.
La seguridad de presas es irrenunciable, pero también lo es la responsabilidad de gestionar con visión estratégica. Si el propio sistema reconoce carencias graves en planes de emergencia, en capacidad de evacuación y en elementos estructurales básicos, lo que se necesita no es menos regulación, sino más inversión y mejor gestión.
La Región de Murcia no está pidiendo privilegios. Está exigiendo coherencia. No se puede tolerar que se vierta agua al río cuando el Cenajo está bajo mínimos, ni que se recorte el trasvase mientras se dejan escapar recursos extraordinarios. Y tampoco se puede aceptar la dejadez del actual Gobierno en el mantenimiento de las presas españolas, porque la política del agua no puede basarse en titulares verdes mientras se descuida la seguridad y la regulación real.
Porque cuando dentro de unos meses vuelvan las restricciones y se hable de sacrificios inevitables, habrá que recordar que hubo agua, que había infraestructuras para almacenarla… y que por inoperancia y por falta de prioridades claras se decidió dejarla pasar.
José García Martinez
