¿Qué es ser therian?
En los rincones más activos de internet, entre foros, vídeos de TikTok y comunidades de Discord, ha emergido con fuerza una identidad que a muchos les resulta desconcertante: los therians. Se trata de personas que no se identifican plenamente como humanas, sino que sienten, de manera profunda e interna, que su verdadero ser es el de un animal real: un lobo, un zorro, un cuervo, un jaguar.
No hablamos de personas que quieran disfrazarse de animales ni de un juego de rol que se prolonga demasiado. Los therians describen su experiencia como una disonancia entre su identidad interna y su cuerpo físico, comparable, en estructura psicológica, a lo que otras personas describen sobre la disforia de género. Muchos hablan de shifts o cambios: momentos en que mentalmente se "convierten" en su animal, sienten sus patas, perciben el mundo con sus instintos, e incluso, en lo que llaman phantom shifts, notan la presencia de una cola o unas orejas que físicamente no existen.
La comunidad tiene raíces en los años noventa, en foros de internet dedicados al folclore y la espiritualidad alternativa. Pero fue en la era de las redes sociales, especialmente con TikTok desde 2020, cuando alcanzó una visibilidad masiva y, con ella, una oleada de críticas, burlas y, también, de nuevos miembros que por primera vez encontraban palabras para algo que siempre habían sentido.
Por qué es tendencia ahora
La pregunta no es tanto qué son los therians, sino por qué ahora. Y la respuesta tiene varias capas.
La primera es tecnológica. Las redes sociales, y especialmente el algoritmo de TikTok, tienen una capacidad sin precedentes para conectar a personas con experiencias minoritarias. Un adolescente en un pueblo de Extremadura que siempre se sintió "diferente" puede descubrir, en cuestión de segundos, que en el mundo hay miles de personas que describen exactamente lo mismo que él siente. La identidad therian ya existía antes; lo que es nuevo es su visibilidad y su accesibilidad.
La segunda es generacional. La Generación Z ha crecido en un entorno cultural donde la fluidez identitaria de género, de sexualidad, de espiritualidad se debate abiertamente y se considera legítima. Para muchos jóvenes, explorar los límites de la identidad humana es una extensión natural de ese proceso. No es sorprendente que una generación que cuestiona categorías rígidas también cuestione la rigidez de "lo humano".
La tercera es psicológica. Vivimos en una era de crisis de identidad y de sentido. La soledad estructural, la presión académica, la ansiedad climática, la desconexión de la naturaleza... todo ello crea una búsqueda desesperada de pertenencia y de una narrativa coherente sobre quién se es. Para algunos jóvenes, la identidad therian ofrece precisamente eso: una comunidad real, un vocabulario para experiencias difusas, y una forma de sentirse especiales en un mundo que a menudo los hace sentir invisibles.
Qué hay detrás
Aquí es donde el análisis se vuelve más complejo, porque hay que resistir dos tentaciones igualmente simplistas: la de la burla condescendiente y la de la aceptación acrítica.
Existe, sin duda, un espectro dentro de la comunidad therian. En un extremo están quienes llevan décadas con esta identidad, la han reflexionado profundamente y la viven de forma privada y coherente. En el otro, están quienes especialmente adolescentes adoptan la etiqueta therian impulsados por el efecto de contagio social que las redes sociales magnifican, buscando identidad, comunidad o simplemente atención. Entre medias, hay toda una gradación de experiencias genuinas, exploraciones legítimas y confusiones pasajeras.
Desde la psicología, algunos investigadores hablan de experiencias disociativas, de trastornos de imagen corporal o de condiciones del espectro autista que pueden hacer que la frontera entre el yo y el entorno se experimente de manera diferente. Otros señalan la conexión con tradiciones chamánicas y espirituales antiquísimas, en las que la identificación con un animal-guía es una práctica respetada. Ninguna de estas lecturas anula las demás, y sería un error patologizar automáticamente una experiencia que muchos viven sin malestar clínico alguno.
Desde lo social, el fenómeno therian habla de algo más amplio: la creciente necesidad de las nuevas generaciones de construir identidades alternativas fuera de los marcos que el mundo adulto les ofrece. En un mundo que les genera ansiedad y al que sienten que no pertenecen del todo, algunos jóvenes encuentran en la animalidad con su pureza, su instinto, su desconexión de las estructuras sociales una forma de resistencia simbólica.
Desde la crítica, es legítimo preguntarse si ciertas plataformas y comunidades digitales no están amplificando en exceso estas identidades, exponiéndolas a niños muy jóvenes antes de que tengan herramientas para discernir. También es legítimo preguntar si el lenguaje de la identidad siempre más poderoso cuando se vuelve incuestionable no puede ser a veces una trampa que dificulte la exploración genuina.
Una reflexión final
Lo más honesto que se puede decir sobre los therians es que nos obligan a hacernos preguntas incómodas: ¿Qué es la identidad? ¿Dónde termina la experiencia genuina y empieza la construcción cultural? ¿Qué le estamos ofreciendo a los jóvenes de hoy que les haga sentir suficientemente humanos como para no tener que buscar su hogar en otra especie?
Burlarse de ellos es fácil y revela más sobre el burlador que sobre los burlados. Pero romantizarlo todo sin matices tampoco sirve a quienes, en el fondo, lo que buscan como todos los seres humanos es simplemente que alguien los vea, los nombre y les diga: aquí tienes un lugar.
Y eso, al menos, sí es profundamente humano.
Jose Antonio Carbonell Buzzian
