Therians: animales humanos

Autor:

Hámer Salazar, biólogo

Therians: animales humanos

Hace un tiempo atrás, una amable lectora se comunicó conmigo, con cierta urgencia, un domingo a las 8 a.m., para decirme que la noche anterior había comenzado a leer mi libroHacia la fórmula de la vida: claves para el regreso a la Naturaleza, y que se había sentido abofeteada con la lectura. Sin embargo, me lo agradecía, porque nadie le había hablado con tanta claridad sobre su propia naturaleza.

En ese libro planteo una pregunta que ha sido obviada por muchos pensadores a lo largo de la historia de la humanidad. Se han formulado las preguntas más populares: ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿hacia dónde voy? Pero han olvidado una más elemental y, quizás, más incómoda: ¿qué soy?

Y es aquí donde vamos a tener que enfrentar una realidad que, por motivos religiosos, culturales o por simple sensación de superioridad, nos cuesta aceptar: somos animales.

Ya adivino que algunos podrían interpretar esto como un insulto. Estoy diciendo, amigo lector, amiga lectora, que usted es un animal. Si me dicen animal, lo acepto con humildad y con humanidad: soy un perfecto animal, un animal humano. No lo digo en sentido peyorativo, sino en términos puramente biológicos.

¿O es que acaso debemos devolvernos a la escuela para recordar aquellas clases de ciencias en donde estudiábamos los reinos de la naturaleza? En nuestros tiempos —allá en los años sesenta y setenta del siglo pasado— era tan sencillo como aprender tres reinos: el mineral, el animal y el vegetal. Posteriormente, se ampliaron las clasificaciones y se incorporaron otros reinos biológicos, como el Monera (bacterias), el Protista (organismos unicelulares complejos) y el Fungi (hongos y levaduras).

Evidentemente, somos entidades biológicas y, en consecuencia, debemos ubicarnos en alguno de estos reinos. No realizamos fotosíntesis, por lo tanto no somos plantas. Estamos constituidos por decenas de billones de células —alrededor de 37 billones, según estimaciones actuales—, por lo que no somos organismos unicelulares. Tampoco somos bacterias ni hongos. Solo nos queda un reino posible: el animal. ¿Nos vamos entendiendo?

El reino animal está conformado por miles de especies. Algunos son invertebrados, es decir, carecen de columna vertebral: esponjas, medusas, corales, gusanos, moluscos, insectos, arañas, crustáceos, entre muchos otros. Los vertebrados, en cambio, poseen columna vertebral y un cordón nervioso dorsal protegido por una hilera de vértebras. Sin duda, pertenecemos a este último grupo.

Los vertebrados se clasifican, en términos generales, en peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Aquí nos acercamos más al ser humano: somos mamíferos. Desde que nacemos, la mayoría tenemos la fortuna de estar en el regazo de nuestra madre y recibir de su pecho —o, dicho con mayor franqueza, de sus benditas tetas— la leche materna, alimento exclusivo durante los primeros meses de vida. Esto también lo hacen todos los mamíferos; no por casualidad los científicos dieron ese nombre al grupo.

La palabra mamífero proviene del latínmammifer, formada pormamma("mama", "pecho") y el sufijo-fer("portar"), significando literalmente "el que posee mamas".

Además, compartimos con los demás vertebrados terrestres una anatomía básica en común: cuerpo dividido en cabeza, tronco y extremidades; cuatro extremidades; dos ojos, dos orificios nasales, dos oídos, una boca con lengua; sistemas renal, nervioso, digestivo, reproductor, respiratorio y circulatorio; sangre roja; estructura ósea comparable. Tal como los sapos y ranas, las lagartijas y los dinosaurios, las aves y el resto de los mamíferos.

Con los mamíferos las similitudes son aún más evidentes: tenemos pelo. Ese mismo pelo que puede incrementar la belleza —o la fealdad, que no deja de ser una forma perversa de la belleza— y que moviliza industrias enteras de cosméticos y salones de estética. Pestañas, cejas, barba, axilas, vello púbico… incluso en lugares donde nunca llega el sol. Sin embargo, cuando vemos un perro o un gato, rara vez asociamos su pelaje con el nuestro y con nuestra condición de mamíferos.

Therians

En la naturaleza lo que abunda es la diversidad. Dentro de los mamíferos existen tres grandes grupos según su forma de gestación:

Los Prototheria o monotremas, que ponen huevos, como el ornitorrinco y el equidna. Los Metatheria o marsupiales, cuyos embriones nacen inmaduros y completan su desarrollo en una bolsa. Y los Eutheria, o verdaderos placentados, cuyos embriones se desarrollan en el útero materno, nutridos a través de la placenta y protegidos por el líquido amniótico.

Los humanos pertenecemos a este último grupo. Somos, por tanto, animales, mamíferos y euterios.

La palabraEutheriaproviene del griegoeu-("verdadero") ytheríon("bestia"). Literalmente: "bestias verdaderas".

Desde esta etimología surge un fenómeno cultural contemporáneo: personas que se identifican como "theriántropos", es decir, una unión conceptual entre lo humano y lo animal. Algunos reconocen que su identificación es simbólica, psicológica o espiritual; otros sostienen una identificación más radical.

No me corresponde juzgar experiencias personales. Pero sí me parece pertinente señalar una paradoja: en una cultura que se resiste a aceptar que todos somos biológicamente animales, surgen individuos que buscan afirmarlo desde la identidad simbólica. Tal vez el problema no sea que alguien quiera sentirse animal; el problema es que como sociedad no aceptamos que ya lo somos, pero animales humanos, pertenecientes a nuestra propia especie.

Homo sapiens

Cuando hablamos deHomo sapiens, muchos imaginan cavernícolas primitivos. Sin embargo, hablamos de nosotros mismos. La especie humana moderna existe desde hace aproximadamente 200 mil años. Somos, biológicamente, los mismos de las estepas africanas, con la misma anatomía, los mismos paquetes hormonales, la misma estructura genética y la misma capacidad cognitiva básica. Lo único que ha cambiado es el contexto cultural y tecnológico.

Si llamamos al perroCanis familiaris, estamos diciendo que es un animal canino. Si denominamos al gatoFelis catus, decimos que es un animal felino. Cuando decimosHomo sapiens, afirmamos que somos un animal homínido, del orden de los primates, perteneciente a la familiaHominidae.

Somos animales humanos.

Con este conocimiento básico, no hay razón para sentirnos denigrados por aceptar nuestra condición biológica. Más bien, negarla ha sido una de las raíces de nuestra desconexión con la Naturaleza.

También observamos un fenómeno inverso: la tendencia creciente a humanizar a los animales domésticos, atribuyéndoles categorías estrictamente humanas, llamándolos "hijos" o proyectando sobre ellos roles que corresponden a nuestra propia especie. El afecto hacia un perro o un gato no es cuestionable; lo problemático surge cuando confundimos categorías biológicas y simbólicas.

Paradójicamente, en una época en que a veces tratamos a los animales como humanos, no siempre tratamos a los humanos con la dignidad que merecen. Tal vez el desafío no sea humanizar a los animales, sino humanizarnos más entre nosotros.

Quizás, si aceptáramos con humildad nuestra verdadera condición —la de un animal consciente que habita un planeta compartido con millones de otras especies— comenzaríamos a actuar con mayor responsabilidad ecológica, mayor respeto por la vida y mayor coherencia con nuestra propia naturaleza.

No somos dioses caídos ni entes ajenos al resto del reino animal. Somos animales humanos. Y en ello no hay ofensa alguna, sino verdad biológica.

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