La hora de la unidad en VOX Murcia

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La hora de la unidad en VOX Murcia

Lo sucedido esta última semana en Vox Murcia —y que probablemente continúe durante algún tiempo más— ha dejado a muchos militantes completamente fuera de juego. Y lo ha hecho, además, en un momento especialmente delicado, porque Vox atraviesa probablemente su mejor momento en la Región de Murcia en cuanto a intención de voto.

En los últimos días se habla abiertamente de una guerra interna que, según distintas voces del propio partido, se habría estado gestando desde hace años. Sin embargo, más que una confrontación ideológica o una simple lucha por el poder, lo que parece estar en juego son dos formas distintas de entender la organización del partido.

El ya cesado presidente regional, José Ángel Antelo, ha señalado en varias ocasiones que el partido se dirige en gran medida desde Madrid. Conviene recordar que cuando llegó a la presidencia regional lo hizo como única candidatura presentada, por lo que no hubo unas elecciones internas entre los afiliados para elegir ni al presidente ni al Consejo Ejecutivo Provincial.

Es evidente que la actual dirección nacional, encabezada por Santiago Abascal y apoyada en un núcleo reducido de dirigentes, mantiene un fuerte control sobre la organización y la estrategia política del partido. Entre las figuras más influyentes se encuentra Jorge Buxadé, considerado uno de los principales estrategas ideológicos de Vox, y también Ignacio Garriga, que como secretario general coordina el aparato territorial.

Desde Madrid se toman la mayor parte de las decisiones importantes, de las que dependen las direcciones regionales. Este modelo, claramente centralizado, pretende evitar la aparición de baronías territoriales y mantener una estructura política cohesionada bajo una única estrategia nacional.

Sin embargo, este sistema también tiene sus inconvenientes. La excesiva centralización puede provocar que se pierda iniciativa política en las regiones y que las respuestas a los problemas concretos de cada territorio lleguen tarde o con menor eficacia. En una comunidad como la Región de Murcia, con desafíos tan específicos en materia de agua, agricultura o desarrollo territorial, esta falta de margen de actuación puede generar frustración entre muchos afiliados y cargos locales.

Da la impresión de que Vox prioriza la política nacional y europea frente a la consolidación de estructuras regionales fuertes. Y ahí es donde quizá se encuentra una de las claves del conflicto actual.

No se trata de cuestionar la autoridad de la dirección nacional, sino de encontrar un equilibrio que permita que los afiliados tengan mayor participación en la vida interna del partido. Celebrar un congreso regional en Murcia para renovar al presidente y al Consejo Ejecutivo Provincial y permitir que los militantes elijan a quienes deben representarlos habría sido, probablemente, una forma saludable de reforzar la organización y legitimar sus estructuras.

Hoy, una parte importante de la estructura territorial que Vox había construido en la Región de Murcia parece haberse debilitado. El foco se ha concentrado casi exclusivamente en la Asamblea Regional, mientras que muchos municipios han quedado en un segundo plano. Y, sin embargo, son precisamente los concejales en los ayuntamientos quienes realizan el trabajo más cercano al ciudadano, muchas veces con escaso apoyo y reconocimiento por parte de las estructuras superiores del partido.

Esa es, al fin y al cabo, la verdadera política: la que se hace en la calle, en los pueblos y en contacto directo con los vecinos.

La nueva ejecutiva regional que ahora comienza su andadura tiene por delante una tarea nada sencilla. Su principal misión debe ser recomponer lo que hoy aparece fragmentado. Los ceses realizados de forma abrupta y sin consultar a la militancia han generado desconcierto y malestar. Puede que existieran motivos para hacerlo, pero las formas también importan, especialmente en un partido que reivindica la participación y la democracia interna.

Personalmente, no estoy a favor de ninguno de los bandos que parecen enfrentarse en esta crisis. Lo preocupante es la imagen que se está transmitiendo hacia dentro y hacia fuera. Las descalificaciones y las luchas internas solo debilitan el proyecto político y generan desconfianza tanto entre los militantes como entre los votantes.

Por eso, la prioridad ahora debería ser reconstruir puentes. Reorganizar el partido sin perder la base territorial que se había construido durante los últimos años es fundamental. Vox tiene potencial para seguir siendo una fuerza política muy influyente en la Región de Murcia, pero para ello necesita unidad, diálogo y una organización sólida.

Los próximos años, antes de las siguientes elecciones, serán decisivos. De las decisiones que se tomen dependerá si Vox consolida su posición en Murcia como uno de sus principales bastiones políticos o si, por el contrario, esta crisis interna abre una etapa de incertidumbre y reajuste dentro del partido.

En política, las divisiones internas rara vez conducen a algo positivo. La fortaleza de un proyecto político no se mide solo por sus resultados electorales, sino también por su capacidad para integrar sensibilidades distintas y mantener unido a su propio partido.

Y hoy, más que nunca, Vox en la Región de Murcia necesita precisamente eso: unidad.

José García Martinez.

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