Marc Richir es un filósofo fallecido en 2015 que ha transformado la fenomenología con sus libros y artículos. Por ejemplo, en su libro Fragmentos fenomenológicos sobre el tiempo y el espacio propone que el tiempo es algo que se está formando constantemente y que la experiencia es fragmentaria, incompleta y dinámica. Al afirmar que "no hay presente asignable en la temporalización" Richir está expresando que el presente nunca está completamente definido, ya que siempre se está formando y deshaciendo al mismo tiempo. De este modo, cuando se escucha música una nota ya se está yendo hacia el pasado y la siguiente está llegando conformando el futuro. Por tanto, lo que se denomina ahora es, en realidad, una mezcla borrosa de ambas. El presente no es un punto fijo, sino un proceso en movimiento.
En lo relativo a los fenómenos o acontecimientos cotidianos de la realidad empírica o fenoménica desde el planteamiento fenomenológico de Marc Richir son "fragmentos o estallidos del fenómeno". Las cosas no aparecen ante nosotros de forma completa y continua, sino como procesos o chispas, desde la perspectiva de Richir. Lo que significa que no percibimos la realidad como una película perfectamente fluida, sino más bien como momentos parciales, impresiones incompletas y apariciones que surgen y desaparecen.
Un ejemplo de esto es cuando una persona va por la calle ve una cara, luego un coche y después un sonido le distrae. No se tiene una percepción total y estable, sino fragmentos que la mente conecta. Como escribe Richir "Porciones…como fragmentos que se articulan". Ya que desde su planteamiento la realidad se nos da en partes que se van uniendo, pero no de forma perfecta. Lo que tiene como consecuencia que nuestra experiencia no es ni totalmente caótica, ni completamente ordenada. Es algo intermedio. Los fragmentos de la realidad percibida se intentan encajar, pero sin formar nunca un todo completamente cerrado. Al recordar algo, según Richir, no recuperas toda la escena, sino pedazos: una imagen, una emoción, un detalle, etc. La mente construye una unidad que no estaba dada desde el principio.
Richir pretende llevar a la fenomenología más allá de lo establecido por Husserl, buscando un nivel más originario que el de la conciencia intencional. Lo preintencional es un nivel de la experiencia anterior a que haya objetos definidos o sentidos claramente constituidos, ya que todavía no hay un yo que apunte a un objeto y todavía no hay significados estables. Es un campo difuso, inestable y en formación. Se puede decir que es como una proto-experiencia, donde algo empieza a aparecer, pero aún no se ha organizado como "algo determinado".
Richir habla de un campo de aparición salvaje o "fenomenalidad salvaje": lo que aparece antes de ser ordenado por categorías, lenguaje o intención. Además, lo preintencional funciona mediante esquemas, no conceptos claros, como esbozos de sentido que aún no están fijados. No hay todavía separación clara entre quien percibe y lo percibido, ya que esa distinción surge después. Este nivel está muy unido a lo afectivo, lo corporal y lo imaginario, más que al pensamiento conceptual. Un ejemplo intuitivo de esto sucede cuando un sujeto está medio dormido o distraído y percibe un murmullo, una luz o una sensación, pero todavía no sabe qué es exactamente. Ese "algo que se insinúa" sin ser aún identificado como objeto claro sería una experiencia preintencional.
Marc Richir desea mostrar que la fenomenología no debe limitarse a investigar solo la conciencia intencional ya formada. Es preciso atender al proceso de la génesis del sentido y cómo lo indeterminado se convierte en algo significativo. Está de acuerdo con Merleau-Ponty en la importancia del cuerpo y de lo pre-reflexivo.
En cuanto a la esquematización preintencional es la expresión de la hiperreducción fenomenológica desarrollada por Richir. En Husserl, el significado se organiza a través de actos intencionales: percibir, juzgar, imaginar. Richir rompe con esto: el sentido no es producido por un sujeto, sino que se esboza antes de que haya sujeto y objeto. El sentido aparece como esbozos o esquemas inestables. El sentido se constituye a partir de afectos (tonos, intensidades, tensiones) y de la imaginación, pero no como facultad consciente, sino como campo formador. Después se forma una estabilización secundaria en la que surgen objetos definidos, aparece un yo relativamente estable y se fija el significado en lenguaje o conceptos, pero esto es derivado, no originario. El sentido, por tanto, desde este planteamiento fenomenológico de Richir, se está haciendo continuamente desde un fondo preintencional.
La imaginación para Richir no es una facultad que reproduce imágenes, como en la psicología clásica, ni solo una variación eidética como en Edmund Husserl. Es el campo originario donde se forma lo fenomenal mismo. Porque lo fenoménico tiene una dimensión de ficción, no en el sentido de algo falso. El sentido no está dado de una vez: se inventa en el aparecer mismo. La imaginación es lo que hace posible esa invención. Por medio de la imaginación, lo real no aparece como algo ya hecho, sino que se va configurando progresivamente; solo después se estabiliza en objetos, se fija en lenguaje y aparece un sujeto que comprende.
