Parvej Husen Talukder: Poesía en código

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Parvej Husen Talukder: Poesía en código

Hace unos días le comenté a alguien que se me daba bien la tecnología, y no mentía.

Lo cierto es que me encanta la IA, y Gemini se ha convertido en mi mejor asistente, consultor, asesor y creador de sueños desde que comencé a promocionar mi nueva novela, “Atrapada entre dos Jeques”.

La IA ha dado vida en forma de imágenes a lo que mi mente imaginaba; es como si la imagen que yo tenía en mi cabeza se hubiera hecho realidad.

Y, sin embargo, no consigo usar la agenda de mi móvil para que me recuerde que tengo que ir a la ginecóloga.

Espero que ella no lea este artículo, pero la primera vez se me olvidó y, cuando me acordé, estaba bastante lejos como para llegar.

La segunda vez me fui de cervecitas con mi marido y ni siquiera anulé la cita porque me acordé por la noche.

Así que esta vez no podía confiar ni en mi memoria, ni en el recordatorio de la clínica, ni en el de mi agenda.

Lo hice a la antigua usanza: me escribí con bolígrafo una "G" en la parte interior de mi muñeca.

Con lo que no contaba era con el hecho de que mi memoria fuera tan catastrófica que se me olvidó la "G" escrita con bolígrafo negro.

Estaba yo tan tranquila viendo el móvil sin mis gafas cuando, de repente, vi una cosa negra en mi muñeca.

No pensé, no dudé ni un segundo: aquella araña tenía que morir antes de que desapareciera.

Pero con el segundo guantazo a mi muñeca recordé no solo mi letra "G", también recordé que llevaba dos años sin revisarme la vista y que, en consecuencia, me había pegado a mí misma.

Me reí bastante yo sola en el dormitorio y después pensé que, con la edad, iba a llevar todo el cuerpo dibujado como si fueran tatuajes: Cita con tal… sacar el pollo del congelador… comprar papel higiénico… Pero claro, tampoco es de extrañar que mi rareza me lleve a vivir con un pie en el presente y otro en el pasado, teniendo en cuenta que amo a los escritores del romanticismo clásico inglés.

Soy capaz de combinar una dualidad que mucha gente rechaza, sobre todo la gente joven.

Pertenezco a esa generación que vivió el no tener móvil, el escribirse con las amigas por carta y, aun así, consiguió adaptarse perfectamente a internet y a la tecnología que llegó arrasando con el mundo que habíamos vivido de pequeños.

Esa misma dualidad entre lo rudimentario y lo digital es la que me llevó a interesarme por un joven que descubrí recientemente en una entrevista: un perfil que fusiona tecnología con cultura y utiliza las herramientas digitales para difundir el arte.

Hablo de Parvej Husen Talukder, un joven de 20 años originario de una zona remota de Bangladesh (Derai Upazila).

Parvej es el fundador de la plataforma literaria global Kavya Kishor International (KKI), que nació en 2020 para promover la poesía juvenil.

Empezó usando sus propios ahorros y hoy conecta a autores de varios países.

Es también cofundador de WikiGenius, una plataforma tipo enciclopedia diseñada para ser más abierta y accesible que las tradicionales, y fundador de Bhikitia, una enciclopedia de conocimiento abierto enfocada en su país.

Además, es campeón en concursos universitarios de programación (SIU ICT Fest 2025).

Pero, al igual que hay una parte de mí que se aferra a lo tradicional, Parvej combina el código con la rima.

Premiado como “Rey Rimista de la Región Haor” por su contribución a la poesía desde los 14 años, es miembro del Movimiento Poetas del Mundo y autor de libros como Chorar Jhalak (rimas), Mojar Porha Chondo Chora (poemas para niños) y la novela corta Chawa Na Chawa.

Mientras otros jóvenes miran la pantalla del móvil simplemente como un entretenimiento, Parvej la vio como una oportunidad para crear y avanzar desde cero.

Él personifica esa dualidad de la que he hablado, porque según dice: "No veo la tecnología y la literatura como campos separados; para mí, todo se mide por el estándar de la creatividad.

Practicar la poesía y programar códigos me parecen dos formas de expresión rítmica.

La lógica del código y la elección de las palabras en la poesía son, para mí, lenguajes de la creatividad".

Así que, si alguien duda, siempre se puede lograr aquello que nos proponemos si no nos sentamos a esperar y en vez de eso actuamos.

No es donde nacemos ni lo que nos rodea lo que condiciona nuestra vida, porque solo crece quien mira al sol y estira sus brazos.

Porque incluso en la más árida tierra, puede nacer la flor más hermosa.

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