Pedro Sánchez llegó a la Secretaría General del PSOE en julio de 2014 bajo la bandera de la unidad del partido. Sin embargo, una vez consolidado en el poder, su estrategia fue bien distinta: desmantelar la estructura heredada y apartar a la denominada "vieja guardia" vinculada a la etapa de Felipe González, sustituyéndola por dirigentes afines. Así comenzó una transformación progresiva del PSOE hacia posiciones cada vez más escoradas a la izquierda.
En apenas dos años, en 2016, el partido socialista vivía una crisis profunda. El conflicto interno se extendía por todas sus estructuras, con una lucha evidente por el control político. Aunque las tensiones venían de lejos, el estallido definitivo se produjo tras dos elecciones generales sin gobierno, cuando el PSOE se enfrentó a tres decisiones clave.
Por un lado, la opción de formar un gobierno de coalición con partidos de izquierda, nacionalistas e independentistas, pese a las profundas diferencias ideológicas. Esta vía, defendida por Sánchez, no contaba con el respaldo suficiente del Comité Federal. Por otro, la abstención para permitir la investidura de Mariano Rajoy, postura sostenida por amplios sectores del partido, especialmente el denominado "susanismo", liderado por Susana Díaz. Y, finalmente, la negativa a investir a Rajoy con el consiguiente riesgo de repetir elecciones, posición que también defendía el sector sanchista.
La crisis estalló definitivamente el 28 de septiembre de 2016, con la dimisión de más de 17 miembros de la Comisión Ejecutiva Federal, tras el anuncio de Sánchez de convocar un Congreso que, en la práctica, suponía un pulso directo al aparato del partido.
En ese contexto, y tras las imágenes difundidas por el medio The Objective sobre aquel convulso proceso interno, se generó una fuerte polémica en torno a la denominada "urna fantasma": una votación cuestionada por su falta de transparencia, con acusaciones de irregularidades y maniobras poco claras. El enfrentamiento con Susana Díaz, que defendía un proceso público y verificable, evidenció hasta qué punto la desconfianza se había instalado en el seno del PSOE.
Finalmente, Sánchez fue apartado de la Secretaría General y sustituido por una gestora encabezada por Javier Fernández. Sin embargo, aquel episodio marcaría el inicio de su regreso. Lejos de desaparecer, comenzó una estrategia de reconstrucción política apoyado por su círculo más cercano, entre ellos José Luis Ábalos, Koldo García y Santos Cerdán, todos procesados y en la cárcel. Todo en él es una gran mentira, incluido el Peugeot.
Tras su particular travesía en el desierto, Sánchez regresó al liderazgo del partido y alcanzó la presidencia del Gobierno en junio de 2018 mediante una moción de censura. A partir de ese momento, impulsó una política de alianzas que incluyó pactos con fuerzas nacionalistas e independentistas, e incluso con los herederos de los terroristas como es EH Bildu, generando una fuerte controversia en amplios sectores de la sociedad.
Desde una perspectiva crítica, la mayoría de los españoles sostienen que su acción política ha supuesto una creciente instrumentalización de las instituciones del Estado, señalando organismos como el Tribunal Constitucional, la fiscalía general del Estado, el CIS o el INE como espacios sometidos a una influencia política excesiva. Esta percepción alimenta la idea de una erosión institucional y de una política basada más en la supervivencia en el poder que en el interés general.
Como advertía G. K. Chesterton, la mentira no es solo una afirmación falsa, sino una corrupción de la realidad y del sentido común. Y cuando esa mentira se instala en el poder, deja de ser una anécdota para convertirse en un problema de Estado.
La polémica de la "urna fantasma" no es, para muchos, un episodio aislado, sino el síntoma de una forma de hacer política basada en el control, la opacidad y la manipulación. Una manera de actuar donde el fin —permanecer en el poder— parece justificar cualquier medio.
Pero la historia siempre termina pasando factura. Y cuando lo hace, no atiende a discursos ni a estrategias, sino a hechos. Porque se puede manipular el presente durante un tiempo, pero es imposible engañar al futuro.
Y ese futuro, más pronto que tarde, pondrá a cada uno en su sitio. Sin urnas ocultas, sin relatos construidos y sin margen para la mentira. Solo con la verdad.
José García Martinez
