“Seamos gentes de paz y amor, poetas de entretelas y convivencias, no de conveniencias. Para toda clase de maldades o de males siempre hay enmiendas, como el tiempo y el silencio. Un ser prudente sabe prevenirlo, uno valerosos lo soporta sin quejarse; pero un hombre sabio, sabe asimismo discernir, abriendo paso a la concordia”
Nos hallamos aquí, para experimentar, que nada somos por sí mismo y que el amor todo lo cura. Lo importante es sumar fuerzas desinteresadas, para entrar en sanación, en un mundo efervescente de cambios, que tiende a marginar el sentido natural de las cosas. Por desgracia, nos hemos endiosado y pensamos que lo dominamos todo, en esta sociedad de las comunicaciones y del conocimiento mundano, donde la interdependencia económica, la transferencia de capitales y de empresas es un hecho, que acrecienta además la movilidad de personas, la exportación de ideas y de estilos de vida, lo que nos demanda a entendernos y a aprender, ya no solo a reprendernos, también a convivir con lo diverso, sabiendo que el desarrollo a cualquier costo nos deja a todos más pobres, no más ricos.
La hazaña, pues, bajo esta atmosfera globalizada no es fácil; pero tampoco imposible, es cuestión de restablecer modos y maneras de vivir, sabiendo que las ofensas jamás se vengan. Hay que evitar los combates, que lo único que hacen es enfermarnos por completo. Pensemos, que constantemente se ha dicho: renovarse o morir. Pongámonos, entonces, en acción. La unidad se consigue, cultivando el amor recíproco entre latidos variados, sabiendo que un cuerpo íntegro todo lo reconduce, pero que un pulso cabal es lo más hermoso que el cielo puede darnos para hacer radiante nuestro torpe andar. No olvidemos la dimensión vinculante como humanidad que somos, la de volvernos humanitarios y la de revolvernos contra los traspiés para corregir la propia existencia.
Es público y notorio, que no se accede a lo auténtico, sino a través del espíritu donante. Un buen propósito, es ponerse a trabajar en algo, reconociendo que es un derecho y un deber, al menos para que el maligno nos encuentre ocupados. Otro recto designio será estar vigilantes de nuestros corazones y de nuestras vidas. Cada día también imperan esos vientos que parecen acariciar, pero que nos aniquilan, coartan nuestra libertad y no respetan la dignidad, ofreciéndonos estilos de supervivencia consumista que nos vacían internamente y nos impulsan a vivir fuera de nosotros, en los vicios mundanos. Incluso, son notorios rapaces, con pedestal incluido que les protege, saqueando los recursos del planeta, librando guerras sangrientas o alimentando el mal en cualquiera de sus formas.
Seamos gentes de paz y amor, poetas de entretelas y convivencias, no de conveniencias. Para toda clase de maldades o de males siempre hay enmiendas, como el tiempo y el silencio. Un ser prudente sabe prevenirlo, uno valerosos lo soporta sin quejarse; pero un hombre sabio, sabe asimismo discernir, abriendo paso a la concordia. En cualquier caso, las limitadas posibilidades humanas se unen a un espíritu inherente contemplativo, que rompe la cadena demoniaca de lo horrible, a poco que busquemos refugio en la inspiración del verso. Es esta embellecedora poesía mística la que nos alienta y adereza familiarmente, sin lucro injusto, con comprensión y perdón. Esto nos insta a despertar, a despojarnos de lo material y a envolvernos de calor de hogar, que sólo realzan cosas humildes.
Hoy más que nunca, necesitamos llenar nuestra mente de pensamientos nuevos, que nos fraternicen y nos rescaten hacia la bondad/verdad. Será saludable que deliberemos, por tanto, sobre los niveles de soledad ciudadana que son altísimos, o la perdida de la calidad del aire y el difícil acceso al agua potable para muchas personas o en la desigualdad de ingresos y riquezas, que nos dejan sin sensibilidad alguna, con un crecimiento sin progreso; ya que las economías se expanden, mientras empeoran las tensiones sociales, políticas y ambientales. Puede que el honor sea el poema del deber; pero la bajeza, es la indecencia manifiesta del perverso, que todo lo empeora con violencias, haciendo que la esperanza de vida saludable y la satisfacción con la vida, se conviertan en un amor imposible.
Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor
