El Congreso de los Diputados respira tensión estos días. No es solo el ruido habitual de una legislatura erosionada: es el silencio calculado de quienes saben que algo importante podría suceder antes de que termine el verano. La pregunta que flota en Moncloa, en los pasillos de Sol, en las oficinas vasca del PNV y en los despachos de Sumar es la misma desde hace semanas: ¿adelanta Pedro Sánchez las elecciones generales a 2026, o agota la legislatura hasta agosto de 2027?.
El plazo constitucional y la decisión presidencial.
Primero, los hechos verificables. La Constitución española es clara: el presidente del Gobierno puede disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas en cualquier momento, siempre que haya transcurrido al menos un año desde la anterior convocatoria. El acta fundacional de la XV Legislatura fue el 23 de julio de 2023. Esto significa que Sánchez *puede* convocar elecciones en cualquier momento a partir de ahora, sin límite temporal, salvo que hubiera una moción de censura en tramitación (que no la hay). El techo máximo de la legislatura es el 22 de agosto de 2027.
Lo que es constitucional no es necesariamente político. Y aquí es donde la aritmética se vuelve compleja.
Un gobierno a trompicones: los números no son suficientes.
La composición parlamentaria actual es el primer obstáculo real. El Congreso está integrado por 350 diputados. La mayoría absoluta son 176 escaños. En las elecciones de julio de 2023, los resultados fueron:
- PP: 137 escaños
- PSOE: 121 escaños
- Sumar: 31 escaños
- Vox: 33 escaños
- ERC: 7 escaños
- Junts: 7 escaños
- EH Bildu: 6 escaños
- PNV: 5 escaños
- Otros: 3 escaños
El gobierno de coalición PSOE-Sumar suma 152 escaños. Necesita apoyo externo para cualquier iniciativa legislativa relevante. Esos apoyos han venido de ERC, Junts, EH Bildu y el PNV, que en junio de 2026 está ejerciendo una presión sin precedentes.
La bomba del PNV: "El tiempo no mejora la situación"
El 30 de mayo, hace apenas dos días, la portavoz del PNV en el Congreso lanzó un aviso públicamente. Maribel Vaquero dijo sin rodeos que la legislatura está "agotada" y que Sánchez debe "coger el toro por los cuernos" convocando elecciones anticipadas. Su argumento es brutal por su simplicidad: el tiempo no va a mejorar la situación.
Esto no es un comentario marginal. El PNV es un socio parlamentario imprescindible para el Gobierno. Sus cinco diputados son valiosos en una aritmética tan ceñida. Cuando un actor con ese peso dice públicamente que la legislatura es insostenible, está transmitiendo un mensaje político claro: a partir de ahora, cualquier negoación será más difícil, más costosa. El Gobierno atraviesa lo que en política se llama "una ventana de cierre" de negociaciones. Los socios empiezan a retirarse.
La grieta del Gobierno de coalición: Sumar grita "cambio profundo"
Pero el PNV no es el problema más grave. Es el síntoma de uno mayor: la coalición PSOE-Sumar se desmorona desde adentro.
Yolanda Díaz ha exigido públicamente un "cambio profundo" en Moncloa. La dirigente de Sumar ha elevado el tono, ha marcado distancia en debates legislativos clave y ha dejado visibles unas grietas que ya no son internas sino públicas. Los socios de coalición aún gobernan juntos, pero ya no hablan el mismo idioma político. Sumar se siente eclipsada, arrinconada en decisiones estratégicas. El PSOE, por su parte, está bajo fuego judicial múltiple que erosiona su base de legitimidad política.
La ausencia de Presupuestos Generales del Estado aprobados es más que un fracaso administrativo: es símbolo de una legislatura sin brújula. Un gobierno que no puede pasar presupuestos es un gobierno que ha perdido el control de su mayoría parlamentaria.
El escenario económico: "Todavía es defendible"
Hay un argumento a favor de seguir adelante. España mantiene tasas de crecimiento económico superiores a la media de la Unión Europea. Los fondos europeos de reconstrucción post-COVID están fluyendo. Estos datos macroeconómicos son sólidos, defendibles, comunicables. Un gobierno que lograse ejecutar con éxito esos fondos europeos antes de 2027 llegaría a elecciones en una posición aparentemente más fuerte.
Es el argumento del "agotar la legislatura con dignidad". Ganar tiempo para completar proyectos, para publicar cifras de empleo favorables, para que la memoria del electorado olvide los escándalos que rodean a algunas figuras del PSOE.
El dilema estratégico: ¿Pasar a la oposición en condiciones controladas?
Aquí es donde emerge la lógica más sofisticada y, probablemente, más realista.
Algunos análisis sugieren que Sánchez podría valorar una convocatoria electoral en el mejor momento de 2026, anticipándose a que la legislatura se hará cada vez más ingobernable.. El objetivo no sería ganar (lo sabe), sino perder "con dignidad". Esto es, obtener un resultado lo suficientemente respetable como para mantener su liderazgo y transitar hacia la oposición desde una posición controlada, no desde el colapso.
¿Por qué? Porque lo que vendría después también es predecible. Un gobierno del PP tendría que gobernar con los apoyos de Vox. Esa coalición es improbable (los números son insuficientes incluso sumados), pero si ocurriese, sería débil y controvertida desde el inicio. Una derecha dividida y un gobierno improbable crean las condiciones para que, en pocos años, un PSOE renovado o un nuevo liderazgo progresista regrese. El cálculo es: es mejor estar en oposición cuando el próximo gobierno falla que estar en el Gobierno mientras se desmorona ahora.
Las fechas del calendario electoral: presión acumulativa.
El calendario de elecciones autonómicas de 2026 añade una capa de presión. Andalucía ya votó el 17 de mayo. Se avecinan otros comicios autonómicos a lo largo del año que podrían ofrecer resultados incluso peores para el PSOE. Cada mal resultado autonómico debilita más la posición negociadora del Gobierno en Madrid. Cada voto autonómico es un termómetro de ánimo político.
Sánchez sabe que si espera a 2027, podría venir a unas generales tras una sucesión de derrotas autonómicas. Eso reduce margen de maniobra.
El juicio de realidad: por qué las anticipadas son probables.
Sumando los datos:
1. Plazo abierto: Es constitucionalmente posible, sin límites hasta agosto de 2027.
2.Presión de socios: El PNV lo acaba de decir públicamente. ERC y Junts también mirarán hacia la salida si el coste de negociación sigue subiendo.
3. Coalición fracturada: PSOE y Sumar gobiernas unidos pero separados. Esto es insostenible en plazos largos.
4. Sin presupuestos: Es un síntoma de parálisis. Cada nuevo rechazo presupuestario debilita al Gobierno.
5. Escenario macroeconómico aprovechable: Todavía hay cifras defendibles en el discurso, números que permiten salir "con dignidad".
6. Lógica estratégica: Para Sánchez, una oposición en condiciones controladas es mejor que un gobierno que se desmorona.
La contra: por qué podría aguantar hasta 2027.
No es imposible que continúe. El Gobierno podría:
- Renegociar presupuestos con mayor claridad de objetivos limitados.
- Mantener apoyos externos mediante concesiones específicas (transferencias autonómicas, concesiones legislativas territoriales).
- Apoyarse en que Vox está desgarrado internamente, lo que dificulta que PP y Vox formen alternativa.
Pero estas vías se cierran conforme pasa el tiempo. La ventana de maniobra se estrecha cada trimestre.
El momento crítico: otoño de 2026.
Si hay un tiempo para decidir, será antes del cierre de sesiones parlamentarias de junio. Después, si el Gobierno aguanta julio, el receso parlamentario ofrecerá respiro. Pero a partir de septiembre, cuando vuelva la actividad legislativa, cada comisión será una batalla, cada votación será una humillación en potencia. Las presiones para elegir aumentarán.
Conclusión: probabilidad versus certeza.
¿Hay elecciones anticipadas en 2026? Basándose en los datos políticos actuales, la respuesta probable es sí, pero no es seguro. Hay una ventana de oportunidad política que se abre entre junio y septiembre de 2026. Después de septiembre, la viabilidad se reduce significativamente.
Lo que es seguro es que el Congreso que ves hoy no volverá a funcionar como lo hizo en 2024. Algo importante sucederá en los próximos meses. O se convocan elecciones generales, o se abre una nueva fase aún más conflictiva de la legislatura.
Jose Antonio Carbonell Buzzian
