¿Todo el mundo reconoce que existe adicción a la sexualidad, lujuria, adicción al dinero y similares, avaricia, adicción al juego, en diversas formas, pero existe adicción al poder?
Hasta dónde sabemos y conocemos no está diagnosticado como un trastorno psicológico de forma oficial, pero en casi todas las tendencias psicológicas se admite como un comportamiento desacertado de conducta, por denominarlo de una forma suave. O, dicho de otro modo no está incluido en el DSM-5-TR, ni en el CIE-11, pero se considera un trastorno en mayor o menor grado de conducta en diversos ámbitos psicológicos y morales –no desde luego cosa de ahora, sino a lo largo de la historia en algunos personajes-.
Se considera a David Owen junto con Jonathan Davidson, en 2008/2009 sistematizador de este posible síndrome, al materializar y concretizar dónde explicaba diversos casos y maneras y formas –al estudiar algunos presidentes de Estados Unidos, y, primeros ministros del Reino Unido-. Se habla que el poder sobre los demás aumenta la testosterona y que incrementa el aumento de dopamina, según Internet.
También hay que indicar que aunque no es un diagnostico oficial, la organización Psicology y Political Science lo considera un patrón de comportamiento real. Si nos fijamos en la historia y especialmente del siglo veinte, nadie puede dudar que haya personas que tienen una clara y evidente adicción al poder.
El poder puede ser de muchos tipos, quizás por eso nos confundimos y no somos capaces de detectar, además lo camuflamos pensando “que ese es el genio de esa persona”, “es su forma de ser y de actuar”, “o que tiene mucha personalidad”, “también que ha alcanzado todos o casi todos sus metas, en el campo que sea”, la “sociedad valora la competitividad en multitud de áreas y esferas de la realidad”, etc. Por lo cual se puede camuflar de muchos modos y maneras, también en el ámbito político puede tener una parte de la sociedad por la que son apoyados… En la España democrática, los mismos empleados de una Máxima Figura del Poder, no pondremos nombres, se les conocía a dicha figura, como “el dios”, “lo ha dicho el dios, voy a ver al dios…”.
Se suele pensar creo que con suficientes motivos, que por lo general toda conducta desacertada en algún aspecto, por lo general, es o produce o deriva de una conducta desacertada a nivel ético moral, por tanto, una cosa lleva a otra, y, otra a la primera. Por eso, creo que sería más adecuado admitir “síndromes o desequilibrio psicomorales”. Esa combinación de conductas desacertadas, en mayor o menor grado, tanto a nivel psicológico conductual y conceptual, y, a nivel ético y moral.
La sociedad o una parte importante de la sociedad, ni aprende, ni se le enseña, que existen tradicionalmente siete errores morales graves, siete pecados capitales, siete errores psicomorales graves, y, que estos tienen causas y fines y metas y finalidades diversos, y, además se pueden combinar entre ellos: La ira-cólera, la vanidad-soberbia, la lujuria, la envidia, la avaricia, la gula, la pereza-acidia. Que son conductas desequilibradas, desacertadas, desarmonizadas de la conducta…
Si nos fijamos bien, lo que llamamos adicciones psicológicas y conductuales, casi todas caen en una de estas esferas de errores morales graves, o combinación de ambas o varias, a nivel conceptual-teórico-ideológico y a nivel práctico-conductual-moral. Por citar algunas de las adicciones, que además son errores morales graves: estarían el uso desequilibrado del alcohol, tabaco, substancias adictivas, redes sociales, videojuegos, apuestas online y el juego en diversas formas, pornografía, compras compulsivas, mal uso del móvil, exceso de trabajo y rentabilidad, etc.
No debemos olvidar que la adicción del y al poder se puede producir en diversos campos de la realidad social, no sólo políticos, sino a nivel económico y empresarial, en los ámbitos religiosos, en campos de la fama y la notoriedad de las artes, incluso en los ámbitos familiares, pero en cualquier campo de la realidad humana. Se puede caer en estas conductas o trastornos psicomorales… Hay desde luego muchas razones y causas hasta llegar a esa realidad, como conductas previas, comportamientos previos, recompensa social o en algún aspecto de la realidad, obtener beneficios de determinadas causas y realidades, etc.
Se suele indicar a Macbeth como figura simbólica y significativa de adicción al poder, también Ricardo III, evidentemente en la interpretación de Shakespeare, al final, que hace la gran literatura y la mediana, las artes, sino describir comportamientos humanos. También se incluye al Fausto de Goethe, Sauron de Tolkien.
Entre las figuras históricas, de carne y hueso, podrían estar, entre muchos otros: Alejando Magno, César, Nerón, Genghis Kan, Napoleón Bonaparte, etc. Le dejo a usted, que añade nombres del siglo veinte: …
Se denominan hybris en la Grecia clásica, una aptitud y actitud muy peligrosa para el ser humano y la sociedad, por su desmesura, arrogancia excesiva, orgullo sin límites… y, en las tragedias griegas ya los autores, Esquilo, Sófocles, Euripides ya nos las mencionan… Creo que sería más acertado utilizar el concepto síndrome Hibris-Macbeth, porque sería más fácil entender y comprenderlo y aplicarlo a personas de nuestro entorno histórico y social y vivencial. Pero siempre que no sólo lo apliquemos al terreno de la política, de la economía, sino también en ámbitos sociales, laborales, incluso familiares…
Para terminar creo que caben dos reflexiones-preguntas: ¿Conoce usted a personas en sus ámbitos sociales y de todo tipo, que podrían entrar bajo esta esfera o área, aunque desde luego después se le otorgue otro nombre, y con esas personas se buscan razones o motivos o causas diversas para camuflar, su “mal genio y su conducta”, en definitiva, por su exceso de ira-cólera y en definitiva de adicción al poder…?
¿En el terreno de la política real y activa, usted cree que hay personas que ya han caído, no en el ejercicio del poder normal, sino en la adicción del poder, lo que se suele decir popularmente: “aunque eches un bidón de agua muy caliente, no se levantará del sillón”? ¿Pongan ustedes nombres…? Ponga usted nombres de ahora y del ahora: ………………………. …………………. ……………………... ¡Paz y bien… y sentido común y racionalidad…!
