A veces el teatro no se ve, se vive. Eso es exactamente lo que nos ocurrió a mi hija y a mí al cruzar las puertas del Teatro Isabel la Católica en Granada para presenciar la adaptación de Asesinato en el Orient Express. Nuestro teatro no es excesivamente grande, pero, nada más entrar, se respira antigüedad y esa majestuosidad que te advierte de la experiencia que vas a vivir.
Las luces se apagaron y comenzó la magia. Desde el primer minuto nos transportamos directamente a los lujosos y tensos pasillos del tren más famoso de la literatura. El decorado no era un simple telón de fondo, sino un lugar esencial para sentir la tensión y situarnos en ese vagón donde un disparo inesperado nos hizo dar un respingo en el asiento al teatro entero. La atención al detalle en el vestuario, de una elegancia de época impecable, termina de cerrar el círculo de una obra inmejorable.
Mucha gente no entenderá cómo una buena obra de teatro puede resultar tan inmersiva como una película pero, aunque parezca rocambolesco decirlo, hasta los frenazos del tren podíamos imaginarlos. Todo ello gracias al elenco de actores que han dado vida a esta gran obra literaria de Agatha Christie; entre ellos Juanjo Artero en el papel de Hércules Poirot quien, aparte de ser un gran actor que permanece en los recuerdos de mi infancia por la serie Verano Azul, ha sido un acierto absoluto. Su presencia en el escenario capturó esa mezcla justa de genialidad, pedantería y humanidad que definen al personaje, logrando que contuviéramos el aliento con cada deducción. Pero los demás personajes no se quedaron atrás: nos hicieron sonreír, sospechar e imaginar posibles asesinos porque, con cada nueva pista, nuestra mente volaba con la deducción elegantemente camuflada que Poirot soltaba a medias para desvelar al final.
Esta función no solo nos regaló una noche inolvidable, sino que también nos recordó el nivel que Granada merece y puede sostener. Mientras nuestra ciudad avanza con determinación en su candidatura para ser Capital Europea de la Cultura, es fundamental que este tipo de producciones de alta calidad se conviertan en la norma y no en la excepción.
Granada respira arte, historia y una reconocida trayectoria literaria; sus calles aún guardan recuerdos de Lorca y poemas que inspiran con tan solo mirar hacia nuestra fortaleza roja, esa Alhambra que nos custodia como una orgullosa sultana desde lo alto.
Si Granada desea posicionarse como Capital Europea de la Cultura, necesita contar con más obras como esta y con musicales de calidad que pasen por nuestros escenarios para que no tengamos que ir a otras ciudades a verlos. Porque cada rincón de mi ciudad es una historia que contar, secretos escondidos en sus muros y aromas seductores que hipnotizan a quien la visita.
