¿Quién lo arreglará mañana?

Autor:

¿Quién lo arreglará mañana?

Hay problemas que avanzan en silencio. No ocupan grandes titulares ni protagonizan debates diarios en televisión, pero terminan afectando a la vida de miles de personas. Uno de ellos es la creciente falta de profesionales en oficios tradicionales como la fontanería, la electricidad, la carpintería, la albañilería o la reparación de electrodomésticos. Lo que hace unos años podía considerarse una dificultad puntual se está convirtiendo en una realidad cada vez más evidente y preocupante.

Muchos ciudadanos ya han experimentado esta situación. Basta con que aparezca una avería en casa para comprobarlo, una tubería que pierde agua, una instalación eléctrica que necesita reparación, una persiana averiada o una puerta que requiere arreglo puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza.

Encontrar un profesional disponible no siempre resulta fácil. En numerosas ocasiones hay que esperar semanas y, dependiendo del trabajo, incluso meses para obtener una cita.

El problema no reside en la falta de voluntad de quienes ejercen estos oficios, al contrario, la mayoría de los profesionales trabajan sin descanso y cuentan con una cartera de clientes que no deja de crecer. Lo que ocurre es que son cada vez menos para atender una demanda que sigue aumentando.

Durante décadas, la sociedad transmitió a muchos jóvenes la idea de que el camino hacia el éxito pasaba exclusivamente por obtener un título universitario. Sin restar valor a la formación académica, aquella visión contribuyó a que numerosos oficios manuales fueran perdiendo atractivo entre las nuevas generaciones. Poco a poco, actividades esenciales para el funcionamiento cotidiano de cualquier sociedad comenzaron a quedarse sin relevo suficiente.

Hoy empezamos a ver las consecuencias. Miles de profesionales con décadas de experiencia se acercan a la edad de jubilación, mientras el número de jóvenes que deciden seguir sus pasos resulta insuficiente. No solo desaparecen trabajadores cualificados, también se pierde un valioso conocimiento práctico acumulado durante años de esfuerzo, aprendizaje y dedicación.

La paradoja es evidente, mientras algunos sectores registran dificultades para ofrecer empleo estable, numerosos oficios tradicionales presentan una demanda constante de profesionales. Un buen electricista, un fontanero competente o un carpintero experimentado rara vez permanecen mucho tiempo sin trabajo. Sin embargo, la percepción social de estas profesiones continúa estando, en muchos casos, por debajo de la importancia real que tienen.

La situación adquiere una especial relevancia en zonas rurales y en regiones donde abundan las viviendas antiguas. Allí las necesidades de mantenimiento son frecuentes y la escasez de profesionales se hace más visible. Muchas personas mayores encuentran serias dificultades para localizar a alguien que pueda realizar reparaciones básicas en sus hogares. Lo que antes se resolvía con una llamada telefónica, hoy puede requerir una larga espera.

Este fenómeno no afecta únicamente a las viviendas particulares, también repercute en pequeñas empresas, comercios y comunidades de vecinos que necesitan realizar obras, reformas o reparaciones indispensables para su actividad diaria. Cuando faltan profesionales, se retrasan proyectos, aumentan los costes y se generan problemas que terminan afectando a toda la sociedad.

La pregunta que deberíamos hacernos es sencilla, ¿Qué ocurrirá dentro de diez o quince años si esta tendencia continua? Todo indica que la situación podría agravarse si no se adoptan medidas que impulsen la formación profesional y devuelvan el reconocimiento social a estos oficios.

Una sociedad moderna necesita avances tecnológicos, innovación y profesionales altamente cualificados en múltiples disciplinas. Pero también necesita personas capaces de reparar una instalación eléctrica, solucionar una fuga de agua, construir un mueble o mantener en funcionamiento los servicios básicos de cualquier edificio.

Quizá haya llegado el momento de comprender que el futuro no depende únicamente de las profesiones más visibles. También depende de quienes, con sus manos, sus conocimientos y su experiencia, hacen posible que nuestra vida cotidiana continue funcionando. Porque cuando falta un fontanero, un electricista o un carpintero, descubrimos que su trabajo no era secundario, era sencillamente imprescindible.

CONCHI BASILIO

¿Quién lo arreglará mañana? - 1, Foto 1
Murcia.com