Claramente dios te guarda; y, nos aguarda, como nadie

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Claramente dios te guarda; y, nos aguarda, como nadie

CONFIANZA EN EL SEÑOR ANTE EL AVISPERO: Mientras el artificio mundano nos mora y desmorona, saber que sólo Dios nos ama perpetuamente, nos eleva el ánimo, sosteniéndonos y sustentándonos con el nutriente de la clemencia. Eso sí, hay que llamarlo y decirle: soy tuyo, ¡sálvame! No hay mejor tono, ¡qué su liberador timbre! Cantando, encantados por dar gloria a su nombre y contando con su perenne socorro, nos abrimos al misterio de su esperanza sin miedo y con alegría.

I.- LA COMPASIÓN INVITA A LA ACCIÓN MÍSTICA

La expansión de los panes y los peces,

son la expresión del desprendimiento,

un penetrante principio de humanidad,

y una profunda lección misericordiosa,

de creencia en Dios como fuente viva.

Jesús ve la fragilidad y nos acompaña.

Su  evidencia es de corazón a corazón,

recobrando, alentando y alimentando;

aliviando el mal ajeno como el propio,

aunque desfigure nuestros propósitos.

Teniendo a Cristo el amor se instituye,

no hay abatimiento que nos desplome,

sólo hay que tener fe y dejarse mover,

su verbo es el verso que todo lo versa,

lo ilumina y da sentido a nuestra vida.

II.- LA ESCASEZ IMPULSA A LA PIEDAD SANTA

Los devotos del Mesías notan y anotan,

con naturalismo humano el panorama,

el caer de la tarde en un yermo hábitat,

en un despoblado mar poblado de olas,

de fidelidad y de reafirmación al credo.

La confianza en el Señor es manifiesta,

nadie se desvanece en lo fundamental,

Dios nos pide unirnos y reunirnos más,

pues aunque no gocemos de recursos,

lo vital es compartir y repartir aliento.

En el darse y en el donarse vive la paz,

la armonía del ser con el saber habitar,

pues la opulencia todo lo desasosiega,

mientras la insuficiencia todo lo eleva,

con mirada amistosa y visión celestial.

III.- LA OCASIÓN INDUCE AL PAN EUCARÍSTICO

Jesús toma los aconteceres cotidianos,

levanta la mirada a las alturas divinas,

pronuncia y anuncia el ruego de la luz,

con equivalente gesto a la última cena,

donde Él toma nuestro humilde andar.

Cristo sigue al penitente en penitencia,

lo asiste, ampara y ayuda cada jornada,

bendice nuestro manso acaecer diario,

lo alcanza para saciar la sed espiritual,

y el hambre que tenemos en el mundo.

La escasez se socava con la coalición,

lo trascendental se halla en participar,

en ofrecer estas maravillas inmortales,

memorial de la muerte y resurrección,

centro de nuestra labor y culto devoto.

Víctor CORCOBA HERRERO

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