Cuando la medicina desaparece

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Cuando la medicina desaparece

Hay cosas que damos por seguras hasta que un día dejan de estarlo. Abrimos el grifo y esperamos encontrar agua, encendemos la luz y esperamos que funcione, entramos en una farmacia y damos por hecho que el medicamento que necesitamos estará disponible. Pero ¿qué sucede cuando llegamos al mostrador y escuchamos unas palabras capaces de provocar preocupación, incertidumbre e incluso miedo, "no lo tenemos"?

Los problemas de suministro de medicamentos no son un fenómeno sencillo ni tienen una única causa. En España continúan produciéndose incidencias, aunque los datos más recientes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios muestran una evolución favorable.

Durante el segundo semestre de 2025 se registraron 1.151 presentaciones con problemas de suministro, y las incidencias de mayor impacto para los pacientes disminuyeron un 17,4% respecto al año anterior. Aún así, siguen existiendo situaciones en las que conseguir un tratamiento puede convertirse en un problema.

¿Por qué desaparece un medicamento? Una de las principales razones está en la capacidad de fabricación. Una planta puede no disponer de medios suficientes para atender la demanda, sufrir una avería, experimentar problemas técnicos o tener que interrumpir su producción. De hecho, la AEMPS señala la capacidad de las plantas como la causa más frecuente de los problemas registrados en el segundo semestre de 2025.

También puede faltar una materia prima o un principio activo imprescindible. Un medicamento puede fabricarse en un país y depender, sin embargo, de componentes procedentes de otro. Cuando una pieza de esa cadena internacional falla, el problema puede terminar afectando a las farmacias de miles de kilómetros de distancia.

Existe además otro factor, el aumento de la demanda. Una enfermedad que se extiende, un cambio en las necesidades sanitarias o un incremento inesperado del número de pacientes puede hacer que la producción disponible resulte insuficiente. La AEMPS situó el aumento de la demanda como segunda causa de los problemas de suministro durante el periodo analizado. Pero hay una cuestión todavía más delicada, las decisiones comerciales.

No todos los medicamentos desaparecen porque exista una avería, falte una materia prima o se haya disparado la demanda. Existen casos documentados por la Agencia Europea de Medicamentos en los que una compañía ha comunicado la discontinuación de un medicamento por razones comerciales y no por problemas de seguridad, eficacia o calidad. Y aquí aparece una contradicción que merece una reflexión profunda.

Para una empresa farmacéutica, un medicamento tiene costes de investigación, fabricación, controles, distribución y comercialización. También debe existir una determinada viabilidad económica para mantener una producción. Pero para quien necesita ese medicamento, la perspectiva es completamente distinta. No es simplemente un producto, puede ser parte imprescindible de su tratamiento y de su vida cotidiana.

Ahí es donde surge una pregunta incómoda, ¿qué ocurre cuando aquello que para una compañía deja de ser suficientemente atractivo desde el punto de vista comercial sigue siendo necesario para determinados pacientes?

No se trata de demonizar a la industria farmacéutica, sería injusto ignorar la enorme complejidad que existe detrás de la investigación y fabricación de un medicamento, ni las exigencias de calidad y seguridad que debe cumplir. Tampoco todos los desabastecimientos responden a decisiones empresariales. Los datos oficiales demuestran que existen múltiples causas y que buena parte de ellas son estrictamente industriales o relacionadas con la demanda.

Pero precisamente por eso los medicamentos esenciales requieren una protección especial. Porque cuando una cadena de producción se interrumpe, el paciente no puede reparar una fábrica, conseguir un principio activo o acelerar una distribución internacional. Solo puede esperar, buscar una alternativa o acudir nuevamente a su médico para comprobar si existe otro tratamiento adecuado.

Las autoridades sanitarias disponen de mecanismos para intentar evitar que estas situaciones interrumpan tratamientos, medidas de vigilancia, control de suministro, búsqueda de alternativas, importaciones excepcionales y otras actuaciones destinadas a proteger a los pacientes. La AEMPS tiene precisamente entre sus objetivos intervenir ante estas tensiones para evitar que una persona vea interrumpido su tratamiento.

Pero quizá la sociedad debería hacerse una pregunta todavía más profunda, ¿puede un medicamento esencial depender exclusivamente de las mismas reglas económicas que cualquier otro producto? Porque podemos esperar para comprar muchas cosas, podemos sustituirlas, aplazar su adquisición o sencillamente prescindir de ellas.

Pero cuando lo que desaparece de una farmacia es el tratamiento que una persona necesita, la espera adquiere otro significado.

Para quien lo fabrica puede ser un producto, para quien lo necesita, puede ser una necesidad vital. Y entre esas dos realidades debería existir siempre una garantía, que ningún paciente quede desamparado porque una medicina haya dejado de estar disponible.

CONCHI BASILIO

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