"Todos a la Moncloa", por José García

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Los días 30 y 31 de julio, Ceuta sufrió una entrada masiva sin precedentes de inmigrantes procedentes de Marruecos. Decenas de miles de personas cruzaron la frontera en apenas unas horas, desbordando la capacidad de respuesta y provocando una situación que difícilmente puede despacharse como un simple episodio migratorio.

Y aquí empieza lo verdaderamente interesante.

Según las informaciones conocidas posteriormente y el informe policial remitido a la Audiencia Nacional, aquella entrada habría sido planificada y no espontánea. Existían convocatorias previas en redes sociales y los servicios de inteligencia españoles habían detectado movimientos que hacían prever lo que podía ocurrir.

Al tirano marroquí parece que no se le ocurrió mejor fecha que hacer coincidir semejante espectáculo con la Fiesta del Trono de Marruecos. Quizá alguien pensó que, después de la famosa Marcha Verde de su padre sobre el Sáhara hace más de cincuenta años, convenía recordar que determinadas formas de presión sobre España nunca pasan de moda.

La Guardia Civil, la Policía Nacional y los servicios de inteligencia habían manejado información previa. Unos avisaron, otros recibieron los avisos, otros dicen que aquello no era exactamente una alerta y, cuando quisimos darnos cuenta, Ceuta estaba desbordada.

Aquí nadie sabía nada, nadie había entendido nada y, por supuesto, nadie parecía ser responsable de nada. Marca España administrativa: cuando algo sale bien, sobran padres; cuando sale mal, el niño resulta ser huérfano.

El delegado del Gobierno debía de estar buscando cobertura. Menos mal que la entrada no se produjo por el jardín de su casa, porque entonces quizá se habría enterado antes.

El presidente del Gobierno también disponía de información previa. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tenía igualmente conocimiento de la situación. Y Defensa observaba cómo se desarrollaban los acontecimientos.

Menos mal que estos tres no estaban dirigiendo la defensa de Ucrania, porque, a este ritmo, los rusos llegan hasta el dormitorio de Zelenski antes de que alguien encuentre el formulario correspondiente para autorizar la respuesta.

Y entonces aparece nuestro particular Napoleonchu, el ministro de Asuntos Exteriores, siempre dispuesto a mantener unas magníficas relaciones con Mohamed VI. A este paso, en la próxima cumbre bilateral solo le falta preguntarle al monarca marroquí si quiere también cita para la manicura.

Mientras tanto, el argumento del Gobierno, encabezado por el autarca Sánchez, consiste en explicarnos que quizá aquello que vimos no fue exactamente lo que vimos.

Debe de ser que los españoles tenemos problemas de percepción.

Personas entrando irregularmente, enfrentamientos, lanzamiento de objetos contra vehículos, violaciones de menores, episodios violentos y personas haciendo sus necesidades en plena calle parecen convertirse, después de pasar por el laboratorio lingüístico de la política, en una cuestión de "inseguridad subjetiva", según declaró el ministro Marlaska.

Pues bien, si todo es "inseguridad subjetiva, "él sí que es una autentica inseguridad objetiva"

A este paso, si algún día nos roban el coche, no habrá delito: tendremos una "sensación subjetiva de ausencia temporal del vehículo".

España dispone de Guardia Civil, Policía Nacional, Fuerzas Armadas, servicios de inteligencia y una interminable cadena de responsables políticos. Tenemos instituciones, mandos, ministerios, delegaciones, asesores, gabinetes y probablemente alguna comisión encargada de supervisar a la comisión que supervisa la comisión anterior.

Lo que parece que faltó fue algo bastante más sencillo: anticiparse.

Ahora la Audiencia Nacional deberá esclarecer hasta dónde llegó la planificación, quién estuvo detrás y qué papel pudieron desempeñar determinadas personas vinculadas a las fuerzas de seguridad marroquíes. Porque una cosa es mantener buenas relaciones con Marruecos y otra convertir la frontera española en una puerta giratoria.

Y mientras los ceutíes soportaban las consecuencias, comenzó el tradicional campeonato nacional de pasar la pelota.

Uno sabía, pero no sabía cuánto. Otro recibió información, pero no la consideró una alerta. Otro fue avisado, pero aparentemente el aviso no avisaba lo suficiente.

Propongo crear inmediatamente un nuevo organismo público: el Centro Nacional para Determinar Cuándo un Aviso es Realmente un Aviso. Con director general, subdirector, gabinete de comunicación, diecisiete asesores y, por supuesto, presupuesto propio.

Porque si nuestros servicios de inteligencia detectan convocatorias masivas y esa información llega a las autoridades, los ciudadanos tienen derecho a saber qué medidas se adoptaron, quién las decidió y por qué resultaron insuficientes.

Y si nadie hizo nada, también convendría saberlo.

Ante tanta pasividad, creo que todos los españoles deberíamos meternos en el recinto de La Moncloa. Seguro que nos dejan entrar y, además, hasta nos ponen unas carpas con colchones nuevos para que estemos todos muy "a gustito", como cantaba Ortega Cano.

Eso sí, espero que no nos den los colchones de los policías desplazados a Ceuta. Porque mientras se movilizan agentes para afrontar una situación extraordinaria, los sindicatos policiales han denunciado colchones viejos, deteriorados y sucios, literas envejecidas y unas condiciones de alojamiento que difícilmente parecen el premio que merece quien se desplaza para defender nuestras fronteras.

La paradoja es magnífica: mandamos a los policías a resolver el problema y después parece que también tienen que sobrevivir al colchón.

Y ya que estamos todos instalados en La Moncloa, podemos aprovecharnos también de la polémica "ley de nietos". A ver si, entre colchón y colchón, conseguimos que nos empadronen en alguno de esos pueblos necesitados de nuevos habitantes, a ser posible, en alguno donde hagan falta votos para el socialismo.

Total, puestos a buscar nuevos españoles y nuevos electores, igual nosotros también tenemos suerte. Quizá descubramos que, además de abuelos, tenemos algún parentesco administrativo que desconocíamos.

Y quién sabe: entre tanto nuevo nieto español, a lo mejor aparece también algún que otro nieto socialista.

Eso sí: a Sánchez, para que no se nos enfade, lo nombramos caudillo honorífico de todas las Españas, Cataluña y País Vasco incluidos. (no le aplicaremos la ley de memoria histórica)

Y, por supuesto, que nunca le falte un avión ni un helicóptero y la Residencia oficial de La Mareta, que son las cinco y está sin comer y necesita las vacaciones.

Porque pocas cosas parecen hacer más feliz a nuestro presidente que contemplar España desde las alturas. Debe de ser que desde arriba los problemas se ven más pequeños.

Imagínense que Sánchez tuviera que desplazarse como cualquier español: coger el coche, buscar aparcamiento, pagar la gasolina y encontrarse un atasco. Tuvo que ser muy doloroso para él, la famosa gira de la reconquista con la banda del Peugeot

Eso sí que podría provocar una crisis institucional.

Y si alguien pregunta quién paga todo esto, tranquilos.

Seguro que también será una cuestión de "percepción subjetiva".

Porque entre unos y otros, como dice el refrán, la casa sigue sin barrer.

Y mientras averiguamos quién tenía que coger la escoba, Sánchez puede ir preparando el helicóptero.

Por si tiene que salir volando de España.

José García Martinez.

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