-La soledad no existe, la mente nos acompaña y
dialogamos con ella.
-La amistad verdadera es el mejor regalo de todos los tiempos, acompañada de Libros.
A: Carmen Sánchez Valdivia
(Amiga española, malagueña)
Autor Bayardo Quinto Núñez Bayquinú
El aposento estaba tibio, hacía un silencio sepulcral, la cortina que daba al patio se encontraba descorrida, el televisor pasaba la cinta "El camaleón", faltaban quince minutos para que el reloj marcara las tres de la tarde.
El ambiente en sí revelaba una extraña tranquilidad, se sentía que el día se iba, sin embargo, el tiempo insistía con su silencio, la ida de la tarde traería muchos regalos agradables. Al fin el reloj repicó, dando señal que ya eran las tres de la tarde.
En ese momento me encontraba vestido, salí presuroso, cerré las puertas, tomé mi maletín, iba cinco minutos atrasado, abordé un taxi, quería llegar a tiempo a la cita que tenía con Flavio. Cuando llegué al lugar del encuentro no vi a mi amigo, entonces decidí ir a tomar una taza de café. Doña Rosa, por favor sírvame una taza de café. Con todo gusto mi estimado. Me tomaba a sorbos el café, casi terminaba de tomarlo, de repente vi que mi amigo Flavio se encontraba con una muchacha extranjera, platicaba con ánimo.
Me aproximé silenciosamente, Flavio sonrío brevemente, y cuando estuve a escasos pasos se puso de pie, me estrechó la mano y acto seguido me presentó a su compañía.
-¡Hola! Cómo está usted-me dijo la joven extranjera.
-Qué le parece que bien, pero déjeme preguntarle, cuál es su nombre-le contesté.
-Me llamo Carmen Sánchez Valdivia, de Málaga, España, soy pintora, me gusta muchísimo la pintura impresionista.
-Ve, qué bueno, tenemos a un artista y qué va a pintar sobre Masaya cuando llegue a España, tierra del maestro Picasso-le señalé.
-Hasta el momento no tengo nada pensado, con ese recordatorio creo entender que ya pintaré algo sobre esta ciudad-contestó Carmen.
La conversación se extendió por los senderos del arte literario y la pintura, fue muy agradable…, en tanto, Flavio se dirigió al mercado de artesanías a comprarle a Carmen dos libros de mi autoría, titulados: LABERINTO POHETICO y ¿QUIÉN IRÁ AL FUNERAL DEL PUEBLO?
El precioso atardecer se desvanecía, en el infinito cielo se veía descender paulatinamente la noche, y antes que se volviese gris o negro, Carmen nos dijo que la esperáramos un momento, que iba a ir al hotel en donde estaba hospedada "EL MASAYITA" . Y, cuando Carmen estuvo de regreso, venía elegantísima.
-¿Nos tomamos una taza de café con algunas galletas?-dijo Flavio.
-Claro muchachos, este es el momento propicio-contestó Carmen.
Pero qué buen café conversado nos tomamos en el carrito rojo de doña Rosa, bajo un enorme toldo rojo. Continuamos dialogando sobre literatura, Carmen expresaba que le encantaban los cuentos, siente que estos le regocijan el alma y le quitan el estrés.
Después del café, nos trasladamos a otro sitio del parque, siempre en los alrededores. A los pocos minutos llegó Cristina, le presenté a Carmen. En ese momento Flavio espetó-sería bueno que tomáramos un ron, Carmen asintió con la cabeza de manera afirmativa. Con todo gusto los acompaño, en lo particular tomaré un refresco. No importa, lo que usted guste-contestó Carmen.
Y estando en el restaurante "Terraza", Flavio ordenó le sirvieran un pichel de cerveza y unos bocadillos. Carmen sacó de su bolso su cámara fotográfica y decía que quería llevarse a su país una foto nuestra. Con todo gusto, pero que salgamos todos. Decirle al mesero que nos tome la foto-dijo Cristina.
-Oiga amigo, puede usted hacernos un favor, tómenos una fotografía.
-Sí, con el mayor gusto, estamos para servirles.
-venga acá, tome así la cámara y cuando nos tenga enfocados en el recuadro, oprima el disparador- recomendó Carmen. El joven mesero tomó la cámara fotográfica, se colocó a una distancia de dos metros aproximadamente, enfocó con la cámara y disparó. La luz del flash fue tan deslumbrante que me hizo rememorar algunas cosas personales.
Continuamos la conversación. Sin duda, la luz del flash me trajo a la memoria aquellos momentos que pasé en el hospital, cuando llegué casi muerto de la montaña por defender la revolución. Había visto una luz refulgente, que brillaba como un diamante, recordé que antes que me internasen en la sala de operaciones entré un espacio brillante muy agradable, pero no me incitaba a quedarme, tampoco vi a nadie que me insinuara que tenía que quedarme.
-Que importante lo que nos comentas, conozco en España algunas personas que han tenido esa misma experiencia, también he leído sobre ese túnel de luz que ven las personas que están a punto de morir, con la salvedad que ellos cuenta que vieron que alguien los invitaba a quedarse-replicó Carmen.
Carmen nos hablaba que sólo hay dos momentos en esta vida-la vida o la muerte-, nos comentó que cuando llegó a Miami y esperaba con su amiga de viaje sus respectivas maletas, vieron que un señor se desplomó y cayó al piso, estaba muerto, le había dado un infarto en el corazón. Su amiga se distrajo, al extremo que se quedó en un letargo descomunal, estaba asustada. Y Carmen le explicaba que así era la vida y que ese no era su problema. Carmen, vos sos insensible-le decía a su amiga. No es que sea insensible, soy una mujer práctica, en el entendido que sólo la muerte tenemos segura, la vida sigue su curso.
El tiempo transcurría, la noche con sus claros y sombras de su misma sombra estremecían el momento crucial que vestía el tiempo fugaz que todos disfrutábamos. Flavio tenía una mirada de asombro. Cristina con sus ojos chispeantes estaba atenta y hacía uno que otro comentario al respecto. En tanto, Carmen nos seguía comentando acerca de la vida y la muerte, decía que de eso se trataba este mundo, que había que disfrutar, en lo particular viaja año con año en sus vacaciones, porque después de muerta no va a hacer nada-señalaba Carmen, y todos sonreíamos ante su reflexión.
En fin, el diálogo siguió su curso, la música en el restaurante nos encendía el alma. Nos sirvieron unos bocadillos deliciosos, alitas de pollo empanizado, tostones con carne, ensalada verde. Recuerdo que el primer bocadillo se lo brindé a Carmen, una alita de pollo y tortilla con carne desmenuzada.
-¡Qué sabroso está este pollito!-expresó Carmen, al momento que saboreaba.
-Tiene toda la razón, está sabroso-replicó Flavio.
-A propósito de su pintura, cómo le va en su trajinar artístico.
-Mi profesora de pintura me alienta, dice que mi estilo ya lo tengo bastante logrado.
Luego de unos instantes, se escuchó la voz débil de Flavio, como que rezaba el rosario, era que hablaba entre dientes, no se le entendía nada, todos nos veíamos de ojo a ojo.
En tanto, Carmen reiteraba: "Mi profesora de pintura me alienta, dice que mi estilo o técnica ya lo tengo bastante logrado, sin embargo, soy del criterio que a mis cuadros les tengo que dar luz, luz y más luz, en ello estoy, dándoles luz y más luz".
-¡Qué interesante! Nunca he visto sus cuadros artísticos, pero los interpreto como la misma vida, usted hace que la realidad apagada por los sinsabores de este mundo descortés, con su luz y más luz da vida y esperanza, porque usted es luz en el camino, es impulso amistoso, jovial hace que penetre en la realidad negra, deslustrada por la maledicencia de muchos-
le señalé.
-Más o menos eso mismo dice mi profesora,
estoy en que mis cuadros tienen que llevar luz y más luz-replicó Carmen.
-Está bien, esa luz es la esperanza que usted plasma con sus pinceles y es el mismo rostro lindo de cómo le gustaría que fuese este mundo.
-Ya enviaré la foto de un cuadro mío-contestó Carmen.
Cristina y Flavio escuchaban atentamente. Flavio, a la "muerte de un obispo" decía dos o tres palabras, mientras que Cristina opinaba con solidez, era como que seguía el curso exacto de la tonalidad del diálogo. Y así terminamos de hablar sobre pintura.
Carmen también nos comentó, que antes de venir a Nicaragua, estando en Costa Rica dejó a su amiga de viaje, y algunos ticos le exteriorizaron que no viniese a Nicaragua, porque aquí habían muchos ladrones y que su bolso y la maleta se la iban a arrebatar. Sin embargo, era del criterio que no iba a regresar a España, Málaga, si no visitaba Nicaragua; se le veía sorprendida porque no le robaron nada, sólo tuvo un inconveniente cuando un taxista en la ciudad de granada le cobró cien córdobas por una carrera corta.
-Imagínense que pensé que mis vacaciones se me iban, porque pasé en los aeropuertos casi tres días, en escalas, reclamo de maletas y una cantidad de cosas, ese era mi dilema.
Claro, ella pensaba así porque sus sentimientos ansiaban ver otra realidad, la que ella se había imaginado en su mente, presentía que todo su anhelo se le escapaba, aunque posteriormente la disfrutó cuando el avión aterrizó en el destino, y por fin Carmen encontró esa luz maravillosa que nos acompañó en esta otra parte del mundo.
MICRO BIOGRAFÍA: Bayardo Quinto Núñez. (Bayquinú) Ha publicado veintisiete (27) Libros: Ensayos; Opiniones Diversas; Pohemas; Cuentos; Relatos; Minicuentos; Novelas Cortas; y tiene varios libros escritos inéditos, y otros que va escribiendo, los cuales en su momento si hay oportunidad saldrán a la luz pública, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales; Abogado y Notario Público; Instructor Deportivo enBaloncesto, Escritor; Pintor; Estudio Siempre Música en las disciplinas: Piano, Violín, y Flauta Dulce; Artesano del Calzado, y/o Zapatero Alistador, y tras su ardua experiencia en medios escritos de gran trayectoria en Nicaragua, como ¡El Nuevo Diario; Diario La Prensa y Columnista Internacional! Nicaragüense.-
