Granada bajo el latido de la Tierra

Autor:

Por María Beatriz Muñoz Ruiz

Granada bajo el latido de la Tierra

Desde que el pasado 15 de agosto se registró un terremoto de magnitud 5 que sacudió de golpe a miles de granadinos, seguimos en una intensa secuencia de pequeños y medianos temblores llamada enjambre sísmico. No es que sea experta en sismología, pero llevamos un mes con expertos dándonos lecciones de sismología sobre la cuenca granadina, y según ellos, este enjambre es normal.

La teoría está muy bien, pero la sensación que tuvimos muchos granadinos ese día fue terrorífica. Sí, habéis leído bien, no soy una exagerada, cada uno vivió la experiencia de distinta forma, y yo personalmente, en cuestión de segundos creí que era el final, que ahí terminaba todo. Sin tiempo a reaccionar, escuchando caer botellas, jarrones, cuadros…todo acompañado de un fuerte ruido y la casa entera agitándose bruscamente como si se nos fuera a caer encima, mi hija descalza sin poder salir porque el suelo estaba lleno de cristales, mi abuela de 94 años en los dormitorios de arriba gritando asustada con una crisis de ansiedad…

Así que antes de hablaros de la parte científica e histórica de Granada y sus fallas, quería que lo vierais desde la parte humana, porque no se quedó en ese día, durante toda la noche estuvieron dando terremotos, y a los dos días dieron cuatro casi seguidos de parecida magnitud. No podéis imaginar el terror que nos daba entrar en casa, y cada vez que lo hacíamos mirábamos hacia todos lados por si nos sorprendía otro temblor y nos caía algo de algún mueble. Esa semana prácticamente vivimos en la piscina de la urbanización que estaba al aire libre y no había peligro, solo entrabamos en casa para almorzar y dormir.

Hubo muchísimos granadinos durmiendo en coches y sin atreverse a entrar en sus casas. Nuestra casa a sufrido muchos daños, pero hay barrios que han sido declarados zona catastrófica, y mucha gente fue desalojada el segundo día de terremotos.

Los que no entienden nuestro miedo nos llaman exagerados, pero cuando les pregunto si ellos me pueden asegurar que no va a repetir, todos guardan silencio y comienzan a darme una tesis sísmica como si yo no hubiera escuchado o leído sobre lo que nos está ocurriendo. El hecho de no saber cuándo puede volver a ocurrir o como de fuerte será, hace que los granadinos sigamos temiendo que ese temblor de magnitud 3, que para nosotros ya es pequeño, se convierta en algo más.

Bueno, ahora ya podemos pasar a la parte técnica; según la información que se encuentra al alcance de cualquiera, y para comprender por qué tiembla Granada, es preciso elevar la mirada al mapa tectónico global. La Península Ibérica se sitúa en la zona de convergencia entre la placa africana y la euroasiática. Estas dos gigantescas masas de corteza terrestre chocan entre sí de forma continua a una velocidad aproximada de cuatro a cinco milímetros por año.

Esta presión constante dobla y fractura la corteza superior en la zona de la Cordillera Bética. En lugar de liberar esa energía acumulada a través de una sola y gran falla, la Vega de Granada alberga una compleja red de fallas normales y de desgarre de carácter superficial. Estructuras como las fallas de la Vega, Atarfe, Santa Fe o Sierra Elvira actúan como pequeños "respiraderos" subterráneos. Al acumularse tensión, los bloques de roca se deslizan a profundidades relativamente escasas proyectando la onda sísmica con una percepción muy directa y nítida sobre la superficie.

Esta vez no hemos tenido que lamentar la pérdida de vidas humanas, pero Granada tiene una memoria sísmica que no podemos evitar recordar. El 19 de abril de 1956, un terremoto con epicentro en la zona de Albolote y Atarfe, con una magnitud estimada cercana a 5 causó destrozos considerables cobrándose vidas humanas y dejando centenares de viviendas inhabitables.

Aquel suceso expuso de forma trágica la vulnerabilidad de las edificaciones tradicionales de la época. Los daños de 1956 impulsaron de forma decisiva los primeros estudios sobre el riesgo sísmico en España, sirviendo para la posterior implantación de la Normativa de Construcción Sismorresistente (NCSE).

Esta legislación exige que las estructuras de la edificación en zonas de riesgo medio y alto, como Granada, incorporen criterios de diseño específicos, por lo que en teoría deberíamos estar tranquilos, pero cuando ves tu casa agrietada, a pesar de que digan que no existen daños estructurales, nunca puedes evitar pensar "¿Que sucedería si sufriéramos otro igual de fuerte?" Tal vez tengáis miles de respuestas, y una de ellas sea "En cualquier momento podemos morir por cualquier cosa y no por ello dejamos de vivir con normalidad"

Pues sí, tenéis razón, pero como dijo el psicoanalista y psicólogo social Erich Fromm "El miedo humano es el precio que pagamos por la conciencia".

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