Bayquinú
En casa de don Gilberto, las llaves del auto se encontraban en un cajón diferente, el reloj de pulsera sobre la mesa de la cocina, una marca visible en el reflejo del espejo aunque limpiado del día anterior. Luego vinieron los reflejos. Al mirarme el espejo por las mañanas, con sus propios ojos y mirada exhausta, pero fe alguien que tiene una agenda secreta.
-En está habitación hay saca corcho, Siempre creía don Gilberto que la noche era un espacio de tregua, un apagón de la conciencia para reponer fuerzas antes que el despertador dictara otra rutina, así se lo relataba a su amigo escritor.
-El sueño no es un vacío, es el relevo de otro tiempo-repuso con voz pausada el escritor Odrayab-.
-Llevo semanas conversando, despertando con la sensación de no haber descansado un solo segundo. Al principio eran detalles absurdos-se refirió don Gilberto, a su conocido Odrayab el escritor-.
-Anoche decidí romper las reglas del pacto silencioso con mi doble, y escondí una grabadora en mi mente para que no se me olvide nada y debajo de la almohada configuré la cámara para que registrara cada movimiento de mi cama-le comentaba el escritor a Gilberto-.
En esa realidad, al revisar el terror no provino de ver algo fuera de lo normal o fantasma o quizás una presencia extraña en la habitación. El terror vino de la precisión de la imaginación, a las dos de la mañana, cuando el cuerpo se acomoda en la cama con una agilidad que la espalda habitualmente no posee. Vi como me ponía de pie, vestía con ropa oscura y me acercaba a la ventana a observar la calle con una sonrisa calculadora. No era un sonámbulo dando tumbos por el pasillo de la mente, era un conductor diferente de carne y hueso tomando el control de lo que entonces sabías, lo imaginabas.
-Ahora entiendo el juego, pero eso no interesa, mientras hundo en la inconsciencia, mientras mi reverso u otro yo desata, ese otro doble, aunque camine por los lugares ya habitados, habla con las personas que temo y ejecuta los deseos que mi moral diurna se encarga de reprimir. Él es libre, audaz y terriblemente peligroso-señaló el escritor Odrayab-.
-Creo que tienes algo de razón de verdad en lo que arguyes-respondió Ramón que en ese momento compenetraba en la casa de don Gilberto-. Instante que el sol empezaba a ocultarse de nuevo como todos los días, donde el peso en los párpados se vuelven insoportables.
-No sé cuánto tiempo podré resistirme a dormir, el miedo ya no son las pesadillas. Mi verdadero miedo es que, una de estas noches, el doble decida que ya no quiere devolverme las llaves al amanecer-afligido les dijo don Gilberto-.Cerró los ojos, sintiendo el conocido vértigo del cansancio, como cuando se cruza un umbral a tomar las riendas del cuerpo. Pero, al despertar, lo primero que hago es tomar el teléfono. El archivo de audio duraba seis horas. Al principio sólo se escucha mi respiración acompasada, el silencio sepulcral del nuevo amanecer, en donde, se oye el crujido de las sábanas al retirarse con brusquedad. Luego, el golpe seco de mis pies descalzos impactando contra el suelo de madera. Así, también les explicaba don Gilberto.
Completamente ajenos al andar torpe o no, se dirigieron el escritor, Ramón y Gilberto, hacia el escritorio. Se escuchó el clic de la computadora al encenderse, y el tecleo frenético, que sabían exactamente lo que hacían. Mi corazón se aceleró cuando, después de unos minutos de silencio, una voz idéntica a la mía, pero con un tono frío, pausado y carente de cualquier timidez, susurró directamente hacia el micrófono del teléfono: "Sé que estás escuchando. Deja de espiarnos. El día es tuyo, pero la noche me pertenece". Ese era el otro doble u otro yo de don Gilberto.
Las llaves del auto se encontraban en un cajón diferente, el reloj de pulsera sobre la mesa de la cocina, una marca visible en el reflejo del espejo aunque limpiado del día anterior. Luego vinieron los reflejos. Al mirarme el espejo por las mañanas, con sus propios ojos y mirada exhausta, pero fe alguien que tiene una agenda secreta.
-En está habitación hay saca corcho, Siempre creía don Gilberto que la noche era un espacio de tregua, un apagón de la conciencia para reponer fuerzas antes que el despertador dictara otra rutina, así se lo relataba a su amigo escritor.
-El sueño no es un vacío, es el relevo de otro tiempo-repuso con voz pausada el escritor Odrayab-.
-Llevo semanas conversando, despertando con la sensación de no haber descansado un solo segundo. Al principio eran detalles absurdos-se refirió don Gilberto, a su conocido Odrayab el escritor-.
-Anoche decidí romper las reglas del pacto silencioso con mi doble, y escondí una grabadora en mi mente para que no se me olvide nada y debajo de la almohada configuré la cámara para que registrara cada movimiento de mi cama-le comentaba el escritor a Gilberto-.
En esa realidad, al revisar el terror no provino de ver algo fuera de lo normal o fantasma o quizás una presencia extraña en la habitación. El terror vino de la precisión de la imaginación, a las dos de la mañana, cuando el cuerpo se acomoda en la cama con una agilidad que la espalda habitualmente no posee. Vi como me ponía de pie, vestía con ropa oscura y me acercaba a la ventana a observar la calle con una sonrisa calculadora. No era un sonámbulo dando tumbos por el pasillo de la mente, era un conductor diferente de carne y hueso tomando el control de lo que entonces sabías, lo imaginabas.
-Ahora entiendo el juego, pero eso no interesa, mientras hundo en la inconsciencia, mientras mi reverso u otro yo desata, ese otro doble, aunque camine por los lugares ya habitados, habla con las personas que temo y ejecuta los deseos que mi moral diurna se encarga de reprimir. Él es libre, audaz y terriblemente peligroso-señaló el escritor Odrayab-.
-Creo que tienes algo de razón de verdad en lo que arguyes-respondió Ramón que en ese momento compenetraba en la casa de don Gilberto-. Instante que el sol empezaba a ocultarse de nuevo como todos los días, donde el peso en los párpados se vuelven insoportables.
-No sé cuánto tiempo podré resistirme a dormir, el miedo ya no son las pesadillas. Mi verdadero miedo es que, una de estas noches, el doble decida que ya no quiere devolverme las llaves al amanecer-afligido les dijo don Gilberto-.Cerró los ojos, sintiendo el conocido vértigo del cansancio, como cuando se cruza un umbral a tomar las riendas del cuerpo. Pero, al despertar, lo primero que hago es tomar el teléfono. El archivo de audio duraba seis horas. Al principio sólo se escucha mi respiración acompasada, el silencio sepulcral del nuevo amanecer, en donde, se oye el crujido de las sábanas al retirarse con brusquedad. Luego, el golpe seco de mis pies descalzos impactando contra el suelo de madera. Así, también les explicaba don Gilberto.
Completamente ajenos a su andar torpe o no, se dirigieron el escritor, Ramón y Gilberto, hacia el escritorio. Se escuchó el clic de la computadora al encenderse, y el tecleo frenético, que sabían exactamente lo que hacían. Mi corazón se aceleró cuando, después de unos minutos de silencio, una voz idéntica a la mía, pero con un tono frío, pausado y carente de cualquier timidez, susurró directamente hacia el micrófono del teléfono: "Sé que estás escuchando. Deja de espiarnos. El día es tuyo, pero la noche me pertenece". Ese era el otro doble u otro yo de don Gilberto.
Sobre Bayardo Quinto Núñez. (Bayquinú) Ha publicado veintiocho (28) Libros: Ensayos; Opiniones Diversas; Pohemas; Cuentos; Relatos; Minicuentos; Novelas Cortas; y tiene varios libros escritos inéditos, y otros que va escribiendo, los cuales en su momento si hay oportunidad saldrán a la luz pública, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales; Abogado y Notario Público; Instructor Deportivo enBaloncesto, Escritor; Pintor; Estudio Siempre Música en las disciplinas: Piano, Violín, y Flauta Dulce; Artesano del Calzado, y/o Zapatero Alistador, y tras su ardua experiencia en medios escritos de gran trayectoria en Nicaragua, como ¡El Nuevo Diario; Diario La Prensa y Columnista Internacional! Nicaragüense.
