Con el paso de los años, San Valentín se ha convertido en una fecha reconocible para todos, aunque no siempre comprendida en su auténtico significado. Quizá por eso resulte oportuno detenerse, una vez más, a mirar hacia atrás y recordar la historia de un santo cuya fidelidad al amor y al compromiso sigue interpelándonos siglos después.
1.- San Valentín: una figura histórica.
Cada 14 de febrero, la festividad de San Valentín vuelve a ocupar un lugar destacado en la vida cotidiana, envuelta en gestos, símbolos y costumbres que se repiten año tras año. Sin embargo, tras esta celebración ampliamente extendida, se oculta una historia mucho más profunda, marcada por la fe, la coherencia personal y la defensa del amor conyugal en una época en la que amar libremente, podía tener un alto precio.
Los datos históricos conservados sobre San Valentín son escasos y, en algunos casos, incompletos. Aun así, el Martirologio Romano recoge el 14 de febrero como el día dedicado a su memoria, situándolo en el siglo III dC, en el contexto del cristianismo de la antigüedad y del Imperio romano.
2.- El Imperio romano en tiempos de San Valentín.
San Valentín vivió durante el mandato del emperador Claudio II el Gótico, quien promulgó un decreto que prohibía a los soldados contraer matrimonio. El objetivo de esta medida era mantener a los legionarios plenamente consagrados al ejército y a la defensa del Imperio, evitando vínculos familiares que, a su juicio, pudieran debilitar su entrega.
Frente a esta disposición imperial, Valentín adoptó una postura firme y contraria, guiado por la convicción de que el matrimonio y el amor no podían ser objeto de prohibición.
3.- El valor de amar y la fidelidad a las convicciones.
Desafiando la orden del emperador, Valentín comenzó a celebrar matrimonios en secreto entre jóvenes enamorados, convirtiéndose así en un símbolo de resistencia pacífica y coherencia personal. Su actitud no tardó en ser descubierta. Arrestado y encarcelado, fue sometido a tormentos y finalmente ejecutado el 14 de febrero del año 270.
La tradición recoge, además, que durante su encarcelamiento devolvió la vista a la hija ciega de un oficial romano, un episodio que provocó la conversión de toda su familia al cristianismo y que reforzó la fama de santidad del mártir.
4.- El reconocimiento de la Iglesia.
Siglos después de su muerte, la figura de San Valentín fue reconocida oficialmente por la Iglesia. Fue el Papa Gelasio I quien, en torno al año 498, estableció su festividad litúrgica el 14 de febrero, fijando definitivamente su memoria en el calendario cristiano.
A partir de ese momento, la devoción al santo comenzó a extenderse y a enriquecerse con tradiciones que, con el paso del tiempo, acabarían vinculándolo de manera especial con los enamorados.
Pero aún quedaba una cuestión por resolver: ¿por qué San Valentín terminó convirtiéndose en el patrón de los enamorados?
5.- La Edad Media y la consolidación de la devoción.
A lo largo de los siglos, la figura de San Valentín fue adquiriendo una dimensión cada vez más amplia dentro de la tradición cristiana. Durante la Edad Media, su memoria se mantuvo viva gracias a los martirologios y a la transmisión oral, que contribuyeron a perfilar su imagen como defensor del matrimonio y del amor conyugal.
En este contexto destaca la figura de San Beda el Venerable, monje y erudito del siglo VIII, quien en sus escritos le atribuye la visita a los hogares, la comunicación con las parejas y la bendición de matrimonios. Estas referencias reforzaron la vinculación del santo con la vida familiar y afectiva, asentando las bases de su posterior consideración como protector de los enamorados.
6.- San Valentín en la literatura medieval.
Paralelamente, en la Europa medieval -especialmente en Francia-, la figura de San Valentín comenzó a aparecer en un ámbito muy distinto: el de los torneos, las justas caballerescas y la poesía amorosa. En estos escenarios, propios del llamado amor cortés, su nombre era invocado en composiciones líricas que exaltaban la fidelidad, el honor y la entrega amorosa.
Este proceso contribuyó a dotar a San Valentín de un carácter simbólico que trascendía lo estrictamente religioso, integrándolo en la cultura popular y literaria de la época.
7.- El nacimiento de la tradición romántica.
No obstante, la tradición romántica tal y como hoy la entendemos, no se consolidó hasta los inicios del siglo XVIII. Fue en Inglaterra donde, por primera vez, el 14 de febrero comenzó a asociarse de forma explícita con el noviazgo y el intercambio de mensajes afectivos entre parejas.
Desde allí, la costumbre se fue extendiendo progresivamente por Europa, incorporando elementos simbólicos -tarjetas, poemas, obsequios-, que acabarían definiendo la celebración moderna de San Valentín.
8.- La llegada a España: comercio y cine.
En nuestro país, la popularización de esta festividad se produjo de manera más tardía y estuvo estrechamente ligada al desarrollo del comercio y a la influencia cultural europea. Fueron los grandes establecimientos comerciales los que, mirando al exterior, comenzaron a promover el 14 de febrero como una fecha señalada.
Un impulso decisivo lo proporcionó el cine. La película El día de los enamorados, junto a la proyección pública de actores y actrices de la época, contribuyó a fijar definitivamente esta celebración en el imaginario colectivo, dotándola de un marcado carácter romántico y popular.
9.- Sobre las reliquias de San Valentín.
Aunque existen lagunas en la documentación histórica, diversos estudios coinciden en señalar que parte de las reliquias de San Valentín se conservan en la Iglesia de San Antón de Madrid (C/ de Hortaleza, 63, CP.28004). Los archivos de esa iglesia indican que los restos fueron hallados en una excavación en Roma, cerca de la antigua Puerta Flaminia.
Según las actas de la época, estas reliquias fueron donadas por el Papa al rey Carlos IV, quien las confió a los Padres Escolapios a finales del siglo XVIII. El resto de los restos mortales del santo se veneran en la se conservan en la Basílica-Santuario de San Valentín en la ciudad de Terni (Italia), ciudad tradicionalmente vinculada a su memoria.
Para concluir: más allá de la tradición.
Con independencia de las lagunas documentales o de las transformaciones culturales sufridas a lo largo del tiempo, la figura de San Valentín sigue siendo un símbolo elocuente.
Su defensa del matrimonio y su fidelidad a unas convicciones profundas, han inspirado durante más de diecisiete siglos, a generaciones de hombres y mujeres.
Tal vez por ello, cada 14 de febrero, más allá de modas o campañas comerciales, San Valentín continúa recordándonos que el amor verdadero, cuando se vive con coherencia y compromiso, es siempre un acto de valentía.
