La Región de Murcia lidera el riesgo climático en el litoral español

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La Región de Murcia lidera el riesgo climático en el litoral español

El bloqueo de sedimentos hacia las playas, su situación geográfica (en el foco de las DANAs), el colapso del ecosistema del Mar Menor y la rigidización de La Manga convierten a su litoral en el más vulnerable de toda España

La Región de Murcia presenta diez puntos críticos de degradación costera, arrastrando una pérdida sistemática de servicios ecosistémicos y defensas naturales

El tren de borrascas invernales ha provocado el gasto de 4,8 millones de euros para hacer reparaciones artificiales en su costa.

Sin un giro de la gestión hacia Soluciones basadas en la Naturaleza y la retirada estratégica de urbanizaciones expuestas, se producirán pérdidas millonarias

Greenpeace presenta hoy su informe anual Destrucción a Toda Costa 2026 (ver sección Región de Murcia), situando al litoral murciano y, de forma extrema, al Mar Menor, a la cabeza de la vulnerabilidad climática en España. Las proyecciones científicas para la región alertan de una subida acelerada del nivel del mar y de una intensificación de las DANA, fenómenos que impactarán con dureza sobre una costa históricamente masificada y desprovista de sus barreras de protección natural. El informe recoge los diez puntos más críticos del litoral, que pueden visualizarse en este mapa.

Este año se están produciendo ataques a la Ley de Costas por parte de casi todas las comunidades autónomas, entre las que figura la Región de Murcia, así como de partidos políticos que no son, o no quieren ser, conscientes de que el cambio climático ya ha llegado y es letal. Se habla de defensa del patrimonio para mantener construcciones en zonas de riesgo, pero se ignora la realidad física: ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas.

“Quienes señalan a la Ley de Costas como una ‘sentencia de muerte’ para los municipios, deben comprender que la verdadera sentencia se firmó el día que decidimos erróneamente que el cemento era más fuerte que el oleaje. Era otro tiempo. Es urgente entender que aferrarse a una costa que ya no existe no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado” declara Luis Berraquero, Delegado de Greenpeace en la Región de Murcia.

El informe incide en la agonía del Mar Menor, un ecosistema único que sufre episodios recurrentes de falta de oxígeno debido a la combinación letal de las altas temperaturas del agua y la entrada masiva de nutrientes procedentes del modelo agroindustrial del Campo de Cartagena. Las olas de calor marinas han diezmado las praderas marinas de vegetación autóctona, destruyendo las zonas de reproducción de especies comerciales de la laguna y acelerando la pérdida de biodiversidad. Lejos de corregirse, la artificialización y el mantenimiento de barreras de hormigón en la Manga del Mar Menor impiden que los arenales actúen como defensas elásticas, convirtiendo cada temporal en una catástrofe económica para las infraestructuras turísticas y residenciales construidas en primera línea.

Los impactos del urbanismo desmedido y la inacción administrativa se extienden también a la costa abierta de la región, donde se multiplican los puntos críticos por erosión y pérdida de playas. La rigidización de la costa mediante espigones, diques y puertos deportivos ha alterado por completo la dinámica de transporte de arena a las playas en zonas como Mazarrón y Águilas, provocando un retroceso crónico de los arenales. El informe denuncia que la destrucción de los sistemas dunares costeros, para urbanizar o construir paseos marítimos rígidos, ha dejado al litoral murciano sin su escudo natural, haciendo que las aportaciones artificiales de arena con dinero público sean un parche inútil, costoso y cada vez menos duradero frente a la fuerza del mar.

Por otra parte, la acumulación de contaminantes y plásticos en las principales bahías de la región sigue degradando la calidad de las aguas. El alcantarillado e infraestructuras de saneamiento de los municipios costeros sufren colapsos sistemáticos durante los episodios de lluvias torrenciales, provocando vertidos masivos que dañan los hábitats marinos sensibles, incluidas las escasas praderas de posidonia de la costa exterior, fundamentales para retener la arena en las playas.

Demandas de Greenpeace

Frente a la inercia cortoplacista del ladrillo y la insistencia en las defensas artificiales, Greenpeace demanda:

Priorizar la recuperación de las defensas naturales y la renaturalización de los espacios costeros degradados (dunas y humedales) para que actúen como amortiguadores frente a las subidas del mar y las inundaciones.

Paralizar cualquier intento de nueva edificación o regularización en el dominio público marítimo-terrestre y sus zonas de servidumbre, especialmente en la Manga y zonas inundables.

Asumir criterios científicos para el repliegue de viviendas e infraestructuras críticas expuestas, abandonando la estrategia de financiar la reconstrucción constante de paseos marítimos condenados a desaparecer.

“La costa de la Región de Murcia, y de forma trágica el Mar Menor, se enfrentan a una crisis climática que ya no da tregua. Quienes insisten en defender el litoral a base de cemento y espigones ignoran la realidad física: aferrarse a un modelo urbanístico insostenible en una costa que se hunde no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado. Es urgente cambiar el hormigón por la restauración de la naturaleza si queremos garantizar la seguridad de las personas y del territorio”, añade Berraquero.

El informe concluye que es urgente una gestión costera adaptativa basada en:

Soluciones naturales que prioricen la restauración de la naturaleza frente a espigones y diques.

Frenar el ladrillo en zonas inundables y en los últimos tramos libres de la costa.

Planificar la retirada de infraestructuras expuestas, asumiendo que la arena artificial es económicamente inviable.

Gestionar ríos y embalses para que la arena natural vuelva a llegar a las playas.

Diseñar el futuro de la costa bajo criterios científicos, alejándose del cortoplacismo político.

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