¿Cómo cuidar y proteger nuestra piel frente al uso constante de equipos de protección individual?

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¿Cómo cuidar y proteger nuestra piel frente al uso constante de equipos de protección individual?

La utilización de EPI va a formar parte, inevitablemente, de nuestra nueva normalidad. Algunos más completos por motivos profesionales; otros más sencillos, pero todos suponen una barrera física para la piel, que debe ser atendida especialmente para no sufrir complicaciones

Llevamos dos meses de confinamiento y poco a poco iremos avanzando a través de las fases de desescalada en convivencia con el virus. En consecuencia, los equipos de protección individual (EPI) serán un imprescindible que no podemos obviar.

Batas, gorros o patucos en casos profesionales, sumados a mascarillas y guantes para todos pasan a formar parte de nuestro atuendo diario. ¿Pero cómo afecta su uso a nuestra piel? Estos dispositivos permanecen en contacto directo con ella durante un periodo considerable de tiempo, algo a lo que no estaba acostumbrada, por lo que tendremos que prestar especial atención a su cuidado. El doctor Antonio Fustes, dermatólogo y médico estético en Clínicas Dorsia, nos da algunos consejos para conseguirlo de manera sencilla .

Los guantes y el sencillo gesto de lavarse las manos

El lavado regular de manos no es un EPI como tal, pero sí una de las más importantes medidas de protección individual. Junto a los geles hidroalcohólicos recomendados actúan como poderosos secantes epidérmicos. Para prevenir que las manos se agrieten y alteren, Fustes elige el lavado de manos siempre que puede con jabones o detergentes sintéticos suaves, sin perfumes, ni colorantes. Posteriormente, aplico crema hidratante que contenga silicona e incluso vaselina.

Los guantes permiten disminuir el lavado de manos, favorecen que haya menor pérdida hídrica y las protegen. El experto recomienda llevar dos pares a aquellos que tienen que utilizarlos de manera constante. Esto permite cambiar solo el guante de la superficie y mantener el primero, dejando el lavado para el fin de las actividades o cada cierto tiempo.

Las mascarillas y pantallas protectoras

La efectividad de las mascarillas, además de depender del poder filtrante de sus materiales, requiere que el ajuste sea lo más preciso posible sobre la cara. Las varillas de metal puedan lesionar la zona de la nariz sobre la que se apoyan y las gomas de fijación en las orejas pueden provocar irritaciones, dolor e incluso cortes. Estas situaciones pueden ser particularmente importantes para trabajadores que deben llevarlas durante largos períodos de tiempo.

Cuando sea posible, es conveniente retirarlas haciendo un descanso y aplicar alguna crema de protección, regenerativa o incluso vaselina en las zonas de apoyo. Para que las ligas sean menos lesivas, el doctor comenta que se pueden colocar unos clips abiertos o láminas de materiales plásticos, goma EVA o silicona para sujetar las gomas en una posición que les impida apoyarse en las orejas. Eso sí, Fustes advierte de que los aislantes para el dorso de la nariz deben ser muy delgados o restarán efectividad a la mascarilla. Cuando ya no vayamos a utilizarla más, importante aplicar una crema restauradora con silicona o vaselina en las áreas más afectadas.

Con respecto a las efectivas pantallas protectoras, hay que considerar que deben sellar lo mejor posible en la zona de contacto con la cabeza. Dependiendo del material del que esté hecho el soporte será más o menos cómoda su puesta. Si este material es demasiado delgado o poco esponjoso puede lesionar la piel. En este caso, reforzarlo con goma EVA para evitar que la piel se quede marcada e incluso aparezcan laceraciones es clave para el doctor.

Buzos, mandiles o batas plásticas, patucos y gorros

La desventaja de estos materiales es que impiden la correcta transpiración. Además, con el verano acercándose, aumenta la posibilidad de deshidratación por el incremento en la sudoración. Por tal motivo, resulta importante beber agua en suficiente cantidad e incluso más de lo habitual y retirar el material plástico cada vez que sea posible para que la piel transpire, según Antonio Fustes.

Una vez que regresamos a casa, deberemos ducharnos y lavarnos a conciencia, un gesto que supone una agresión a la piel pues eliminamos el manto lipídico que la protege de la sequedad. Debido a este motivo no debemos olvidar el uso de crema hidratante enriquecida con urea, aceites o mantecas después del baño, las favoritas del doctor, y aplicar una crema reparadora específica, como las de pañal para bebés, en las zonas que se han irritado por el uso de EPI.

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