"Hoy en el Día de la Mujer, me quedo con Paquita"

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Ayer estuvimos en Cartagena visitando a Paquita para tomar una muestra de su saliva y extraer el ADN que localizará a su padre más de 80 años después en el Cementerio de San Fernando. La emoción estaba a Flor de Piel de esta Totanera a la que asesinaron a su padre cuando contaba 13 meses escasos de vida allá por 1940, en San Fernando.

Al cumplir 26 años, junto a su marido y su madre, se trasladaron desde el Paretón a Cartagena donde se afincaron, dejando una casa familiar en Cantareros donde vuelven cada vez que pueden y para las Fiestas de la Virgen de Agosto. “Nos vinimos para que mis dos hijos tuvieran un futuro en Cartagena porque tenían más posibilidades”.

La vida de Paquita ha sido muy dura, pero con su madre y su marido se abrieron paso en situaciones muy difíciles y trabajando con jornadas de largas horas. Su madre, falleció con la pena de haber perdido a su marido a los 26 años y habiendo cuidado de su hija hasta su fallecimiento.

Su padre, Juan Serrano García, “Juan el Correo”, nació en 1913 en el Paretón. Trabajó duro arreglando caminos públicos y carreteras en la zona del Campo de Cartagena y emigrado en Francia. Con 19 años, se enrolo como marinero profesional en la Armada, en el año 1933, buscando un futuro en aquella profesión del Ejército, que ascendió a Cabo Fogonero del Destructor “Almirante Valdes”.

Juan Serrano fue un soldado fiel a la República y al finalizar la guerra, el barco se encontraba en Túnez a salvo de las tropas de Franco y para el y sus compañeros hubiese sido más fácil, pasar al exilio, no regresando a España. Pero Juan “El Correo”, no temía represalias y el recuerdo de su esposa y su hija le hicieron volver a España, con la promesa de que “quien no tuviese las manos manchadas de sangre, nada tenía que temer...”. Desgraciadamente, no fue así. Los apresaron al pisar suelo español, encarcelados y fusilados en mayo de 1940.

Hace más de 80 años y su hija ha guardado, como oro en paño, las dos ultimas cartas de su padre, manifestando su inocencia y suplicando a sus padres que no desamparasen nunca a su hija y a su esposa. Es emocionante, leer los sentimientos de un hombre inocente que sabe va a morir a las pocas horas, con 26 años.

Mucho más, ver las lágrimas de Paquita que puede cumplir un sueño: Que sus padres descansen juntos en la eternidad. Ha merecido la pena su vida por muchas razones, cuando explica con orgullo la formación de sus dos hijos y sus nietos o que espera el fin de la Pandemia para darnos un abrazo y también poder estar en las Fiestas de Agosto en la Pedanía del Paretón desde su casa.

Decididamente, yo hoy, estoy con Paquita y tantas mujeres e hijas que vivieron y sufrieron las represalias de una Dictadura en tiempos oscuros. Si la mujer tenía malas condiciones y nulos derechos, en estos casos, agravadas por la represión y la tragedia.

Tenemos tantas asignaturas pendientes y una deuda democrática con mucha gente. El alivio de Paquita, es el de la Democracia y la Libertad en un día de lucha por la igualdad y por el avance de la mujer y del hombre.

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