Rincones de Totana. Bar restaurante Tánagas

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Rincones de Totana. Bar restaurante Tánagas

En el año 1983, el matrimonio formado por José Gris Romero y María del Vas Martínez compraron con otra pareja amiga el local anexo a la gasolinera del mismo nombre en la carretera de Lorca con el fin de abrir un bar, pero al mes la sociedad se disolvió y José y María invitaron al hermano de ésta, Miguel y su esposa Petra Cánovas Gaslindo a compartir el negocio poniéndose a trabajar duro los dos matrimonios y cuñados. Su trabajo pronto fructificó. Buen servicio, perfecta atención, calidad y precios razonables hicieron que su clientela pronto fuera mucha.

Sus buenas tapas, buena atención y muchas ganas de trabajar hicieron de éste un bar en el que a la hora del almuerzo estuviera siempre lleno, prolongándose hasta la hora de la comida y viéndose en la necesidad de atender también esta demanda. El secreto de la buena cocina se vio enseguida y hoy día es uno de los locales de Totana en el que es difícil encontrar mesa, entre otras cosas porque el local no da para más, si no se hace reserva. Tiene además una acertada carta de vinos que suelen cobrar a razonables precios.

Teniendo en cuenta que el bar estaba junto a la carretera nacional y no había autovías pensaron que sería bueno tener abierto el negocio las veinticuatro horas y así lo hicieron. En ese tiempo pasaron por el local gentes de todo tipo, especialmente los que viajaban de noche como los artistas que se desplazaban una vez terminada su actuación, por lo que muchos de ellos tomaron refrigerios en el Tanagas. Aquello fue posiblemente rentable, pero no daba tiempo al descanso, por lo que las dos parejas decidieron al año volver a un horario habitual.

En el año 1992 decidieron llevar el negocio de forma distinta y acordaron encargarse cada matrimonio cuatro semanas iniciando el primero de enero de cada año. Les resultó bien la experiencia y así siguen funcionando, de tal modo que las Navidades las tenía libres cada año uno de los matrimonios.

José murió joven y su parte de la empresa la mantienen su viuda e hijos, Diego y José María, siguiendo con el trabajo del mismo modo que hasta entonces. Puede resultar curiosa esta forma de llevar un negocio de hostelería, pero a ellos les está funcionando muchos años, lo que dice mucho de su forma de llevarse la familia todos a una a la ahora de trabajar.

He de reconocer que soy muy adicto al Tanagas, pues su sencilla cocina es de una excepcional calidad, y siempre es digno de recordar uno que es para mí su mejor plato: El Osobucco o jarrete de cerdo.

Como el tiempo va pasando y Miguel cumple años tiene ya preparada la sucesión en la persona de su hijo José Miguel. Deseo que sigan teniendo éxito y nos sigan deleitando con su atención y calidad de productos.

Juan Ruiz García

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