Abrazados por los reveladores argumentos del museo de la Torre de Santiago

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(Reflexión ante su primera década de vida 2016-2026)

Abrazados por los reveladores argumentos del museo de la Torre de Santiago

El once de junio de 2016 se inauguraba el museo de la torre de Santiago, una iniciativa encaminada a acercar a los hombres y mujeres de Totana a la realidad vital que la cimentó a lo largo de siglos. El empeño que animó el proyecto tuvo un inicial impulso en 2007, cuando materializaron un esfuerzo conjunto el Ayuntamiento y el Obispado de Cartagena, con un concreto objetivo: la rehabilitación de este valioso testimonio arquitectónico.

Es indudable que ese paso previo despertó el interés por adentrarse en este emblema, un símbolo incrustado en el corazón de Totana, pero escasamente conocido en su interior. Los años que transcurrieron entre la apertura, tras la recuperación del inmueble, y su musealización, conforman un periodo prolífico, de hallazgos y de encuentros, conectando a la ciudadanía con el simbolismo que envuelve a este principal referente, como también con los usos y funciones con que se revistió desde que, en 1608, se hiciese presente en el devenir del municipio.

Por otra parte, la solidez de esta atalaya y su raigambre demandaban componer un relato que, dotado de contenido, situase ante diferentes y sorprendentes momentos del palpitar histórico de la ciudad, de la variedad de matices que la constituyen y de su significado. Dar firmeza a ese reto supuso generar una crónica que, además de atraer la atención del espectador, invitase a entablar un diálogo clarificador y fecundo con cada uno de los contextos que se recogen en esta diacronía. Paralelamente se hubo de asumir la responsabilidad de explicar una narración coherente, acorde con la verdad, fiel al carácter que dio consistencia a Totana como entidad humana, en la cual sus vecinos encontraron los recursos y los medios para afianzar su sentido de comunidad, para tejer los lazos de hermandad, para construir una sociedad capaz de acoger, integrar y caminar, con la mirada puesta en horizontes de esperanza.

Esta voluntad, alentada entonces por el presbítero José Ruiz García, párroco de Santiago y orientada con el arquitecto Francisco Guerao López, estuvo respaldada por la Administración y el patrocinio empresarial. Hoy, diez años después, la suma de fuerzas continúa con el apoyo del actual párroco, el presbítero Francisco José Fernández García y la primordial participación del Ayuntamiento. La concejalía de Turismo desempeña un papel de comprometida competencia en su desarrollo y difusión.  

El contacto con este escenario permite valorar las estructuras organizativas que fundamentaron a las culturas prehistóricas que ocuparon el territorio, aproximándonos a sus formas estéticas y enunciados espirituales. En las lagunas medievales destella la Orden Militar de Santiago, cuya brisa proporcionó el empuje preciso para amoldar la configuración política de su Concejo, mientras preservaba, con especial celo, su ideario, al igual que sus prerrogativas mercantiles y sus preeminencias sociales.

Visitar el coro, singular resorte de su recorrido, garantiza admirar la impresionante magnitud y belleza de su artesonado mudéjar, cubrimiento radiante de simbolismo, como también las sugerentes curvaturas de su retablo barroco.

«El Cuarto de los novios» encaja, en sugerente simbiosis, la grandeza del amor humano y los testimonios solidarios que nacen de la fragancia evangélica. Humanidad y divinidad se aúnan para proclamar la necesidad de abandonar la individualidad para esculpir el nosotros, actitud que serena y revitaliza el alma.

La estancia en el campanario ayuda a entender los sonidos de sus campanas, el lamento de sus tabletas, un lenguaje que ha venido unificando en una misma consideración a sus habitantes. Contemplar el escenario de este encuadre posiciona frente a la seguridad que ofrecieron los edificios religiosos que circundan a la antigua villa y, en el centro, el templo parroquial, eje rector de la vida. La visualización del témenos que conjuga esta atmósfera mueve a reflexionar sobre los estrechos vínculos entre fe y vida.

Han sido numerosas las personas que, a lo largo de esta etapa, han descubierto perspectivas ignoradas y que, en palabras de muchas de ellas, han renovado su disposición a explorar las tradiciones de Totana, sus gestas y epopeyas, en un deseo de reivindicar su memoria, diluida en el rápido acontecer de la existencia.

Afirmamos con afecto y gratitud la cortesía de colectivos, asociaciones e instituciones que, tras interiorizar el discurso que consolida esta proclama, han manifestado su reconocimiento por los convincentes fundamentos que lo componen. De igual modo, conviene referir la alegría de haber acompañado a innumerables grupos de escolares, aportándoles reseñas adaptadas a sus emociones. Proposición que en los últimos meses se ha enriquecido con el trabajo del alumnado del colegio Reina Sofía que con gran dedicación ha preparado una serie de códigos que, a través de la tecnología, contribuyen a interpretar la reciedumbre de este distintivo de Totana.

En definitiva, una confluencia de manos tendidas, de espíritus agradecidos, que estimulan el cuidado que se lleva a cabo para mantener y brindar a la población este precioso caudal de experiencias, anhelos y recuerdos.

Juan Cánovas Mulero

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