Profesor Diego Jesús Romera González
Hoy es un día en el que suelen primar en los medios de comunicación las cifras, el cómputo de ratios y el análisis frío de las plantillas. Sin embargo, más allá de la estadística y los datos organizativos, conviene no olvidar lo que verdaderamente da sentido y alma a la enseñanza: el factor humano y la inmensa ilusión con la que los docentes de nuestra Región vuelven a abrir las puertas de sus centros.
Septiembre tiene un aroma muy particular. Es el olor inconfundible de los libros nuevos, del papel impoluto de los cuadernos por estrenar y de la madera de los estuches de lápices de colores. Son sensaciones compartidas que conectan a los alumnos con sus maestros y profesores. Tras el silencio estival, volver a escuchar el sonido dinámico de las aulas (las risas en los pasillos, el reencuentro con los compañeros y el murmullo vivo del aprendizaje) nos recuerda, con certeza renovada, por qué elegimos esta vocación. Cada aula que cobra vida estos días es un lienzo en blanco repleto de oportunidades pedagógicas.
El calendario escolar vuelve a marcar el ritmo de nuestra comunidad. El pasado 8 de septiembre abrieron sus puertas los Colegios de Educación Infantil y Primaria, devolviendo el bullicio y la energía a los más pequeños. Hoy, 10 de septiembre, les toca el turno a los Institutos: los estudiantes cruzan el umbral para iniciar o consolidar una etapa crucial en su desarrollo académico y personal, recibidos por un profesorado comprometido y dispuesto a acompañarlos en este viaje.
Y en apenas unos días más llegará el turno de otras enseñanzas: las EOIs, los talleres y aulas de la Formación Profesional se llenarán de futuro con sus grados medios y superiores, mientras los Conservatorios de Música y Danza y las Escuelas de Arte afinarán sus notas y pinceles para un nuevo viaje de talento y creatividad.
Esa ilusión renovada es nuestro mayor patrimonio como educadores. Los docentes murcianos vuelven a demostrar una vocación inquebrantable, cargando sus mochilas de proyectos, de ganas de innovar y de un compromiso absoluto con la Educación. Como bien nos recordaba San Juan Bosco, “la Educación es cosa del corazón”, y es precisamente esa dimensión afectiva y pedagógica la que sostiene la vida diaria de nuestras aulas.
Sin embargo, para que esa ilusión y ese papel en blanco no se emborronen con el paso de los meses, se requiere el respaldo firme y la sensibilidad de las administraciones. Quienes nos dedicamos a la docencia ponemos el empeño y el corazón, pero necesitamos condiciones idóneas para enseñar y educar: una reducción real de la burocracia que a menudo asfixia nuestro tiempo pedagógico, ratios adecuadas para ofrecer a cada alumno la atención personalizada que precisa y el reconocimiento social que esta profesión merece. Como también decía San José de Calasanz, “para enseñar se necesita amor y firmeza”; y para ejercer esa labor con calidad, la Escuela necesita el apoyo decidido de toda la sociedad.
Iniciamos un nuevo camino con la esperanza puesta en el futuro. Que este Curso Escolar 2026/27 sea un periodo fecundo de aprendizajes compartidos, de proyectos logrados y de pasos firmes hacia la Educación que soñamos. Que cada timbre, cada duda resuelta, cada acorde y cada sonrisa nos reafirmen en el valor transformador de nuestra profesión.
¡Feliz y fructífero nuevo curso a todos los compañeros Docentes de la Región de Murcia!
