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Los aguilandos y el Niño de Villanueva del Río Segura

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Los aguilandos y el Niño de Villanueva del Río Segura

Emilio del Carmelo Tomás Loba

Cronista Oficial de Villanueva del Río Segura

Desde hace aproximadamente una veintena de años, un proyecto esperanzador e ilusionante, auspiciado por el movimiento folklórico de las Cuadrillas, vino a recalar en la población valricotí de Villanueva del Río Segura con el único objetivo de recuperar una forma particular de ritual mediante el canto del Aguilando propio de estos lares, así como la música propia del baile suelto, entendido como tal las jotas, malagueñas y siguirillas, además del baile “agarrao”, tan del gusto del pueblo.

Es así que, desde entonces, la Cuadrilla de Villanueva no ha dejado de salir por las calles con su insignia votiva más valiosa: El Niño, tan necesario en la vida religiosa del Valle de Ricote, por el cual gran parte de la población de esta zona siente una gran devoción.

El origen de la Cuadrilla realmente está en la antigua Hermandad de Ánimas del pueblo villanovense, organización cofradística que asistía al pueblo en los cultos tanáticos a lo largo de todo el año, además de participar en la cuestación callejera de pedir el Aguilando navideño a beneficio de la Hermandad. De hecho, los estatutos o Constituciones de la Cofradía del Santísimo Sacramento y de la Hermandad de las Benditas Ánimas datan de 1873. No obstante, sabemos por los protocolos del Conde de Aranda Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, X Conde de Aranda (1709-1798), fechados a 5 de diciembre de 1770, que una de las fiestas o conmemoración que tenía lugar en el pueblo era “las Ánimas del Purgatorio” (junto a San Roque, que era ya entonces el patrón, San José, San Antonio, San Francisco de Asís, la Virgen de la Asunción, la Virgen del Rosario, la Virgen de los Dolores y el Santísimo Sacramento).

Dicha Cofradía o Hermandad desapareció como todo lo que es voluble o proclive a dejar de existir por su componente inmaterial, ante las inclemencias del tiempo social y político, poco antes de la Guerra Civil, y a pesar de que ha habido colectivos como rondallas de pulso y púa, e incluso una tuna, y grupo de Sección Femenina animando el “cotarro” navideño en los años de posguerra, lo cierto es que nunca se había planteado cumplimentar un ritual férreo para vincular al pueblo de Villanueva con la tradición, como una herencia que le correspondiera por derecho natural, hasta la aparición de la Cuadrilla tradicional del pueblo a finales del siglo XX.

Es así que hace ya muchos años, la voz de la responsabilidad inmaterial colectiva respondió a un proyecto, como decíamos, esperanzador, y la Cuadrilla con el Aguilando tradicional volvió a salir por las calles del pueblo como antaño, como cuando salía la antigua Hermandad de Ánimas. Es así que, asumiendo dicha empresa, la recuperada Cuadrilla de Villanueva recogía el testigo de la antigua Cuadrilla, y pasaba a llamarse la Cuadrilla de Ánimas o de la Hermandad de Ánimas de Villanueva del Río Segura. Y es así que se ha cumplimentado el ritual petitorio a excepción de este año por la fatídica pandemia que está atacando a nuestra sociedad, alterándola, y un año en particular por un luto que hubo en la Cuadrilla.

Sea como fuere, anotábamos que el bien más preciado de la Cuadrilla, además de las guitarras, guitarros, panderetas, cascañetas y violines, la Bolsa de Ánimas y la Campana de mano de la Hermandad, era y es El Niño de Villanueva.

Por otra parte, y en relación con la efigie del Mesías, hemos de decir que, al igual que en la población de Abarán, el Niño es custodiado y portado por la Hermandad de Ánimas, pero lo cierto es que el origen no está asociado a ambas cofradías, sino que el Niño acabó formando parte de la vida de la Hermandad de Ánimas, tanto de Villanueva como de Abarán, por un proceso de asentamiento ritual que venimos en definir, desde hace ya algún tiempo, como Teoría del Solapamiento. Dicho de otra forma, el Niño era portado por la Iglesia de ambos pueblos para efectuar un besapiés multitudinario el día de Reyes. En el caso de Abarán, los Auroros (o la Hermandad de Ánimas, que eran los mismos) acompañaban en el besapiés al Niño ofreciendo su música, hecho que condujo a la reestructuración de la fiesta ritual bajo la tutela, coordinación y organización de la Hermandad de Ánimas abaranera (a pesar de la desaparición de los Auroros). En el caso de Villanueva, dicho besapiés tenía lugar también el día de Reyes y era organizado igualmente por la iglesia pero al dejar de tener continuidad este ritual, acabó desapareciendo; es así que lo que hizo la Cuadrilla de Ánimas de Villanueva, al igual que en Abarán, fue asumir el ritual, coordinando y determinando el radio de acción religioso, potenciando de esta forma la tradición navideña y el sentido identitario villanovense en el espacio religioso y festivo representado por estas fechas.

De hecho, la Cuadrilla de Ánimas de Villanueva, la Cuadrilla de la Hermandad de Ánimas de Villanueva o, simplemente, también la Cuadrilla del Niño, suele salir durante los días 2, 3, 4 y 5 (vísperas de Reyes) por esta población valricotí, tanto en su asentamiento antiguo o del casco viejo, como el denominado Barrio de San Roque.

Sin duda, muchas personas han hecho posible que la Cuadrilla del pueblo fuere una realidad, desde la gente más mayor que vieron en esta formación un poquito de esperanza en un periodo tan nostálgico, a pesar de las pérdidas o rupturas de valores tradicionales, como gente más joven, sobre todo niñas que ahora son mujeres, algunas hasta casadas, sin olvidar a mamás que nos han acompañado con sus hijos…, personas que siempre podrán decir que estuvieron en la Cuadrilla del Niño, en la Cuadrilla de Ánimas de Villanueva del Río Segura, sacando al Niño todos los años para recaudar el aguilando a través del cántico villanovero, también denominado Aguilando, con el objeto siempre de ser entregado a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, e incluso, algún que otro año trágico, para la asistencia a enfermos.

Con el tiempo, la Cuadrilla buscó su sitio y ocupó, no sin sudores, su hueco en el pueblo hasta el punto de que además de la carrera de los aguilandos con el Niño, a petición del entonces párroco pleguero don Juan José Noguera, acabó participando en las misas de Nochebuena y Nochevieja celebradas en el Geriátrico Santa Isabel para los más mayores, aquellos que de alguna forma valoran más la música de antaño, como así sucede hasta el día de hoy. E incluso, sin ir más lejos, las navidades pasadas del año 2019-2020, fueron recuperados los cánticos de las Misas de Gozo antiguas: cantos de misa en latín, como tenían lugar antes del Concilio II, así como villancicos y aguilandos tradicionales de Villanueva del Segura.

En definitiva, la Hermandad de Ánimas, o la Cuadrilla de la Hermandad de Ánimas, o la Cuadrilla de (las) Ánimas, o la Cuadrilla del Niño de Villanueva del Río Segura, todo una misma entidad, en esta salida geográfica natural del Segura en el Valle de Ricote, se alza como una agrupación ritual viva, real, dinámica y con el grado de espontaneidad propia que tenían las Cuadrillas antiguas en su formación, sobre todo por la presencia maravillosa de zagales que al “arrimarse” quieren, cada Navidad, acompañar al Niño de Villanueva aunque eso suponga estar dos o tres días sin parar, cantando el Aguilando de puerta en puerta:

El aguilando real

son dos libras de tocino

y cuatro de longaniza

y un pellejo de vino.

Los aguilandos y el Niño de Villanueva del Río Segura - 1, Foto 1

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