Damián López en Sport Rutes: el deporte como trinchera de superación, identidad y cambio social

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Damián López en Sport Rutes: el deporte como trinchera de superación, identidad y cambio social

El campeón internacional de taekwondo y activista Damián López protagonizó una intensa conversación en Sport Rutes junto a Juan Carlos Abad, presidente de la organización, donde abordó sin filtros su historia personal, su lucha contra el cáncer, el activismo LGTBIQ+ y el papel del deporte como herramienta de transformación social. Una entrevista que fue mucho más allá del deporte para adentrarse en la salud mental, la desigualdad y la necesidad urgente de construir comunidad.

El pasado martes 14 de abril, Sport Rutes inauguró sus directos con un invitado de excepción: Damián López (@dammian_tkd), en una charla conducida por Juan Carlos Abad. Referente del deporte inclusivo, su figura trasciende la competición. López no solo ha sido campeón internacional, sino que ha convertido su trayectoria vital —marcada por la adversidad— en un motor de cambio dentro y fuera del tatami.

Una vida atravesada por la lucha: del dolor a la resiliencia

Damián López comenzó en el taekwondo con apenas cuatro años. Criado en una familia humilde, encontró en el deporte un refugio frente a una infancia que él mismo define como marcada por situaciones “muy terribles”.

Durante la entrevista, compartió algunos de los episodios más duros de su vida: un cáncer con metástasis que le dejó un 30% de probabilidades de supervivencia y su condición de superviviente de abusos sexuales. Sin embargo, lejos de construir un relato victimista, su discurso se articula desde la resistencia.

“El deporte me salvó, pero también casi me mata”, explicó. Su alto nivel físico retrasó la aparición de síntomas, lo que provocó que la enfermedad avanzara sin ser detectada. Aun así, su recuperación fue rápida, en gran parte —según él mismo— por una mentalidad inquebrantable: “Yo había decidido que iba a dar batalla hasta el final”.

Ese episodio no solo marcó un antes y un después en su vida, sino también en su activismo. Antes incluso de centrarse en el colectivo LGTBIQ+, su primera exposición pública fue mostrando cómo era convivir con el cáncer mientras seguía practicando deporte.

Cuando el deporte deja de ser competición para convertirse en herramienta social

Aunque compitió desde niño, López reconoce que el verdadero punto de inflexión llegó cuando empezó a enseñar y a implicarse en el ámbito institucional. “Se volvió serio cuando entendí que podía ayudar a otras personas a tener una vida mejor”.

De esa toma de conciencia nació “Taekwondo Integrador”, un proyecto pionero dirigido a personas en situación de vulnerabilidad: mujeres víctimas de violencia, personas en pobreza, población reclusa y personas trans. Fue ahí donde comenzó a tomar forma su activismo dentro del deporte.

Con el tiempo, su implicación le llevó a formar parte de la junta directiva de la Federación de Taekwondo de la Comunidad Valenciana, donde actualmente es responsable del área de diversidad e inclusión. Desde ese espacio, trabaja en la actualización de normativas que considera “anticuadas” y en la creación de estructuras más inclusivas.

Entre sus principales logros destaca la creación de departamentos específicos de diversidad, igualdad, migraciones y salud mental, así como el desarrollo de una guía de inclusión destinada a clubes y entrenadores. Un documento que busca algo tan básico —y tan necesario— como dotar de herramientas y lenguaje adecuado a quienes forman parte del ecosistema deportivo.

Historias que cambian vidas: más allá de los titulares

Uno de los momentos más significativos de la entrevista fue el relato de una experiencia concreta que refleja el impacto real de su trabajo.

López explicó cómo ayudó a una mujer trans a rectificar todos sus títulos oficiales, que aún figuraban con su nombre anterior. El proceso, aparentemente burocrático, tuvo un impacto profundo:

“Entregarle esa titulación con su nombre real fue darle la vida de nuevo, darle una identidad”.

Pero no todas las historias tienen un final tan luminoso. También relató situaciones vividas en contextos vulnerables, como alumnos que acudían a entrenar sin haber comido. “El deporte termina siendo un espacio de refugio”, afirmó.

El deporte no es un espacio seguro (todavía)

A pesar de su potencial integrador, López fue tajante: “El deporte no es un espacio seguro hoy en día”.

Lejos de atribuirlo únicamente a la mala intención, señala una causa estructural: la falta de formación. En su opinión, gran parte de la discriminación proviene de un lenguaje y unas dinámicas profundamente normalizadas.

Recordó episodios personales de homofobia, como escuchar a entrenadores rivales utilizar insultos para motivar a sus deportistas. También habló del llamado síndrome del impostor, que afecta a muchas personas LGTBIQ+, generando una constante sensación de no pertenencia.

“Imagínate que un niño escucha eso mientras está descubriendo quién es. Puede ser devastador”, reflexionó.

Desigualdad, clase social y deporte: una realidad incómoda

Más allá de la diversidad sexual y de género, López puso el foco en otra desigualdad estructural: la económica.

Recordó cómo, en su etapa como competidor, tenía que organizar rifas para poder viajar, mientras otros deportistas llegaban descansados tras vuelos cómodos. “El deporte no es equitativo”, afirmó con contundencia.

Esta perspectiva amplía el debate: la inclusión no solo pasa por la identidad, sino también por el acceso.

El debate trans: entre la desinformación y la presión mediática

Sobre la participación de personas trans en el deporte de élite, López pidió rigor y honestidad. Denunció una “caza de brujas” alimentada por discursos sin base científica.

“No hay datos que demuestren superioridad. En muchos casos, incluso compiten en desventaja”, aseguró, haciendo referencia a los procesos hormonales y, sobre todo, a la carga psicológica.

Relató cómo algunas de sus alumnas trans veían afectado su rendimiento durante la transición, y cómo la presión externa —miradas, cuestionamientos constantes— puede ser determinante.

Su propuesta no pasa por crear nuevas categorías, sino por replantear las existentes, adaptándolas a la realidad actual.

Salud mental, soledad y fracturas dentro del colectivo

Uno de los aspectos más valiosos —y menos visibilizados— de la entrevista fue su reflexión sobre la salud mental dentro del colectivo LGTBIQ+.

López habló abiertamente de la soledad, del desgaste emocional y de las heridas acumuladas a lo largo de la vida. También lanzó una crítica interna: la falta de cultura, de memoria histórica y de cohesión dentro del propio colectivo. “Somos una red, no una agencia de representación”, afirmó.

Insistió en la necesidad de recuperar el vínculo intergeneracional, de cuidar a quienes abrieron camino y de reconstruir comunidad en un momento que considera especialmente delicado.

El cuerpo, la identidad y las nuevas formas de exclusión

Otro de los temas que abordó fue el culto al cuerpo y el edadismo dentro del colectivo, fenómenos que —según explicó— tienen raíces históricas pero que hoy generan nuevas formas de exclusión.

Advirtió de los riesgos de intentar encajar en modelos que no están hechos para todos, y de cómo estas dinámicas pueden agravar problemas de autoestima y salud mental.

El deporte como herramienta política (y humana)

Para López, el deporte es, inevitablemente, un espacio político. No en un sentido partidista, sino como herramienta de transformación social. “Cuando una persona LGTBI ocupa un espacio, lo transforma”, afirmó.

Defiende que la visibilidad y la participación activa son claves para cambiar las estructuras desde dentro. Y subraya la importancia de que el activismo y las instituciones trabajen de forma conjunta.

Crear red: la clave para el futuro

En su mensaje final, López insistió en la necesidad de crear comunidad. Especialmente en un contexto donde, según advierte, los discursos de odio están en aumento.

“Estamos en un momento en el que es fundamental crear red. Porque el colectivo no te representa: te protege”.

Animó a quienes sienten miedo a acercarse al deporte a buscar espacios seguros, como las artes marciales o iniciativas como Sport Rutes, donde —asegura— es posible encontrar comprensión, acompañamiento y pertenencia.

Un futuro en construcción

Lejos del pesimismo, López se mostró esperanzado. Confía en el relevo generacional y en la aparición de nuevos referentes que continúen abriendo camino.

“Estamos aquí para cuestionarlo todo y hacerlo mejor”.

La entrevista concluyó con un compromiso: su participación en el primer orgullo de Novelda y la continuidad de su trabajo para que el taekwondo —y el deporte en general— sea un espacio más justo, más humano y más inclusivo. 

Damián López y Juan Carlos Abad, Foto 1
Damián López y Juan Carlos Abad
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